Si no te apetece leerte todo el tochazo y sólo quieres saber mi opinión general sobre el documental vida en trans, te diré que me ha parecido un documental con ciertos aspectos positivos, pero bastante simplista, y que renuncia a entrar a fondo en las cuestiones importantes para dar una imágen «happy flower» y excesivamente optimista. Y que conste que lo digo desde el cariño a las personas que han participado en él. Conozco y aprecio a una buena parte de ellas, y también aprecio a las demás, incluso sin conocerlas.

Si te apetece que te explique un poco más mi opinión sobre el documental, sigue leyendo, pero mejor con un café en la mano y unas galletas por si te entra hambre o algo.

El documental tiene muchos aspectos positivos. Por ejemplo, sólo aparecen hablando personas trans y sus familiares, y los discursos no se limitan simplemente a la mera vivencia personal, sino que se les da voz como profesionales. No hay psicólogos, endocrinos o cirujanos explicando cómo somos y qué necesitamos las personas trans, como si lo supieran mejor que nosotras mismas. Da una visión positiva, refrescante y amable de las personas trans, y muestra una diversidad de edades y de identidades. Los protagonistas se presentan empoderados, seguros de sí mismos, profesionales, y el relato se elabora desde una perspectiva respetuosa, sin cuestionarles nada. O sea, bien.

Por desgracia, es casi más importante lo que no se dice que lo que sí. El documental quiere decir «¡eh, mira, las personas trans están super integradas en la sociedad!» De hecho, en algún momento Lucas y Mateo mencionan que para ellos fue «relativamente fácil». Pero ¿a qué personas trans acepta la sociedad? El documental no incluye a ninguna persona racializada, ni tampoco a personas migrantes (y recordemos que se puede ser migrante y blanco, o racializado y español). No muestra a personas con diversidad funcional, o psiquiatrizadas. La única persona transaparente (es decir, que salta a la vista que es trans) es Marina, una mujer que transicionó desde la privilegiadísima posición de ser catedrática de derecho en la univerdad de Valladolid (por más que ella insista en presentarlo como una situación desventajosa, te aseguro que yo firmaría ahora mismo por tener la misma situación que ella). La mayoría de las personas que aparecen en el documental son de clase media, o media alta. No me hace falta conocerles en persona: se les nota en la ropa, en los zapatos, en la forma de moverse. Los que somos pobres podemos distinguir fácilmente a los que no lo son.

Si el documental hubiese mostrado a refugiados o a inmigrantes, la historia habría sido otra. Si hubiese mostrado a una trans gitana, la historia habría sido otra. Si hubiese mostrado a personas mal vestidas, con la cara surcada de amarguras, con voces desafinadas y ropas ajadas, la historia habría sido otra. Si hubiesen mostrado a los padres de los jóvenes trans que se han suicidado, o si hubiesen preguntado al respecto a los padres de las chicas que aparecían en el documental, la historia habría sido otra. Si hubiesen ido a buscar a las personas psiquiatrizadas a las que se les ha denegado el acceso a la atención sanitaria en base a sus diagnósticos, la historia habría sido otra, y si hubiese ido a localizar a las personas que están en situación de internamiento (cárceles, pero también residencias escolares, centro de internamiento de inmigrantes, hospitales psiquiátricos o residencias de ancianos) y les hubiesen preguntado, la historia habría sido otra. Una historia bastante menos positiva, que dejaría el cuerpo bastante mal a cualquiera con un mínimo de sensibilidad.

Me alegra ver a personas trans que se sienten seguras, que no tienen que pasar por lo que yo sí pasé, sobre todo porque sé que su situación es, en parte, gracias a mi actividad. Pero no me gusta que ésta situación favorable que algunas están viviendo pueda servir de excusa para decir «ya hemos llegado, todo está bien, la sociedad es justa y no es necesario cuestionarse nada.»

En éste documental echo de menos que se hable de feminismo, que se pongan en cuestión los roles de género y la manera en que nos constriñen a todos y se utilizan como mecanismos de represión. Porque la represión sigue ahí. Aunque no parezca afectar a las personas blancas, cisaparentes (ésto significa personas que a la vista parecen cis), guapas, con buena posición social, sin diversidad funcional.

Éste documental me sugiere que el activismo trans español (o al menos una parte de él) dirige su rumbo en la misma dirección de lo que se hace en los paises del norte de Europa. A decir que todo va super bien, a declarar que estamos atando los perros con longaniza y que los problemas ocurren en los paises menos evolucionados, o vienen de la derecha. Mientras tanto, con el ruido de los triunfos celebrados, barremos bajo la alfombra los problemas reales y silenciamos a las personas que los viven.

Porque en Reino Unido una persona trans puede ir a la cárcel por ser trans y llevar la vida integrada y discreta que se le exige. Lo he visto. Y en España, bajo la flamante ley de Madrid, Ángela continúa sin ser operada, y eso que hay una sentencia que condena a la Comunidad de Madrid a operarla, y otra sentencia que declara que la sentencia anterior debería ejecutarse. Porque a Juanita Banana, la trans de mi pueblo que vivía en la calle, la llevaron a una residencia de ancianos, le cortaron el pelo y volvieron a tratarla como a un señor, llamándola por el nombre que le habían puesto (tenía demencia, así que con un poco de suerte no lo se daría cuenta, pero incluso las personas trans con demencia se merecen ser tratadas con respeto). Porque que las mujeres trans a las que «se les nota» siguen recibiendo insultos gratuitos, día sí, día también. Porque hace unos días Mauro Cabral preguntó a las personas trans de su muro de Facebook relatos personales sobre lo que sienten cuando reciben un ataque transfóbico o se ven en situaciones de cisexismo y fuimos muchas las que respondimos con pavorosa multitud de detalles.

Y todo ésto no sale en ninguna parte. Porque a nadie le importa una mierda, y queda feo decirlo en la tele, pero es lo que a mí me gustaría ver en un documental. Es lo que creo que hace falta mostrar, pero no creo que lo vea nunca.

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