El viernes, K. y yo fuimos a las I jornadas transfeministas organizadas por la Casa Invisible de Málaga. La Casa Invisible es un centro social okupado que ya tenía ganas de conocer, porque había coincidido con gente de allí en otros espacios feministas y transfeministas. Tenía buena impresión de ellxs, así que iba con bastante ilusión a conocerles, pero lo que me encontré supero con mucho a mis expectativas.

En primer lugar, toda la gente con la que estuve fueron super majxs y súper atentxs. Prisci fue a la estación de autobuses a recogernos, cosa que le agradecimos mucho, porque el viaje en autobús fue bastante molesto y cuando llegué a Málaga no tenía la cabeza muy en condiciones como para orientarme hasta la casa ¡Si casi no la encuentro ni a ella! Noe nos hizo un recorrido turístico por toda la casa, explicándonos lo que estaba haciendo, y seguramente disfrutando de la cara de alucine que poníamos K. y yo.

–          ¿Pero esto está okupado? – preguntaba yo, sin salir de mi asombro – Pero este edificio estará clasificado como histórico ¿No?

–          ¡Mira la escalera! ¡Y las puertas! ¡Y las rejas! ¡Y los suelos! ¡Y el techo! ¡Y el pasamanos! – iba señalando K. a cada paso que dábamos.

Resulta que la Casa Invisible es uno de esos edificios históricos que se encuentran en el centro de las grandes ciudades, que se encuentra vacío, o, como ellxs dicen “muerto”. A pesar de la gran belleza de la construcción interior, estaba previsto que se derrumbase por dentro, y se mantuviese únicamente la fachada…

Ahora la gente de la Invisible está haciendo un lento y esforzado trabajo de restauración, con los pocos medios que tienen. El resultado es increíble y maravilloso. Mientras, el ayuntamiento de Málaga, en lugar de fomentar la recuperación, y aprovechamiento para fines sociales de ese espacio histórico que estaba echado a perder, les pone trabas y problemas. Esto es la Marca España.

Además del centro social en si, han recuperado otra parte del edificio para usarlo como residencia. Allí nos tenían preparada una habitación con dos camas, una estupenda alfombra, y un buen montón de mantas, que no habría cambiado por ningún hotel de 5 estrellas. El resto del piso (tengo la sensación de que antiguamente debía ser un edificio residencial con pisos de súper lujo de cientos de metros cuadrados) era también para nosotros: los dos cuartos de baño (¡con agua caliente y todo!), la sala de reuniones, y varias habitaciones más… todo para nosotros.

El programa de actividades de las jornadas estaba repartido en varios días, y para esa noche estaba programada una mesa redonda en la que nos encontraríamos Pilar Sánchez, de Chrysallis, y yo. Pilar es la madre de Gabi, una niña trans que se encontraba matriculada en el colegio San Patricio (un colegio religioso, pero concertado, es decir, financiado con nuestros impuestos, y que debe obedecer la legislación andaluza en materia de educación y atención a la diversidad), que ha estado siendo acosada por profesores y padres de otros alumnos, todos ellos empeñados en negarle el reconocimiento de su identidad de género, con motivos tan absurdos y disparatados que si no hubiese sido un asunto tan grave, darían risa de lo imbécil que puede llegar a ser la gente. Decían, por ejemplo, que un “niño” que lleva 5 años yendo a clase como niño, debería continuar así ya hasta que termine de estudiar. Al parecer a la edad de 7-8 años las personas ya son demasiado viejas para cambiar… También las acusaban, a Pilar y a la niña, de ser las culpables de que el colegio tuviese que cerrar en caso de que les quitasen el concierto, como si ellas tuviesen la culpa de que los maestros prefieran perder el concierto antes que llamar a una alumna por su nombre, o dejar que juegue y se comporte como si fuera una niña.

El discurso de Pilar, que compartió fotos de su hija, fue muy tierno y emocionante. El final, agridulce. Han tenido que cambiar a la niña de colegio, pero en el nuevo centro la han acogido muy bien, y con cariño. A veces es mejor perder que ganar.

Yo hice una recapitulación de la andadura de Conjuntos Difusos – Autonomía Trans desde sus inicios y cómo eso nos ha ido llevando a desarrollar un cuerpo de interpretación sobre la ilegalidad en el trato discriminatorio que generalmente se da a las personas trans, especialmente por las administraciones públicas, que actualmente son instituciones mucho más problemátcas que las relaciones entre particulares (y las relaciones entre las personas trans y el resto de la sociedad, tampoco es que sean muy fáciles, que digamos, especialmente para las chicas tran “no pasables”).

Al terminar, nos llevaron a dar un pequeño paseo por el centro de Málaga y a cenar deliciosamente bien, con buena compañía. Aunque no nos quedó más remedio que volver pronto a la residencia de la Invisible, porque al día siguiente teníamos que ir a Sevilla.

Para ir a Sevilla, me autoinvité por todo el morro a compartir coche con otro de los ponentes de las jornadas que iba a viajar también desde Málaga. Reconozco que le eché un poco de demasiada caradura, ya que a penas le conocía, pero después de pagar la matrícula de la universidad, a 17 días de quedarme sin trabajo (y sin paro, porque aunque llevo dos años cotizando más de 250€ al mes, a los autónomos que nos quedamos en paro lo único que nos dan son los buenos días), y sin soporte familiar, lo de tener vergüenza empieza a parecerme un lujo. Creo que ya lo he dicho antes, pero eso de “más vale honra sin barcos, que barcos sin honra” sólo se sostiene cuando uno, además de barcos, tiene otras cosas, como una buena cantidad de efectivo, casa, tierras y demás.

 

Como era el segundo ponente de la mañana, salimos muy temprano, pero a mí me vino bien, porque también me interesaban los temas de las jornadas de Sevilla, y ya me había perdido el primer día.

Las jornadas se celebraron en el albergue juvenil de Sevilla, un sitio genial que no tiene nada que desmerecer tampoco a ningún hotel. El programa era bastante denso, pero todo muy interesante, así que aunque el cansancio se iba acumulando (como es normal), entrábamos a cada nueva mesa con ganas de más. La única pena es que podría haber ido bastante más gente, pero es algo que pasa con frecuencia cuando se organizan unas jornadas por primera vez. Estoy seguro de que para las del año que viene, habrá lleno total.

La organización de las jornadas (las organizaba ATA) también fue súper amable y cariñosa. Nos pudimos quedar en el albergue, con cena y desayuno incluidos para K. y para mí, cosa que es muy de agradecer, a pesar de que las jornadas terminaban ese día. Nos habría gustado aprovechar que teníamos algo de tiempo libre, pero al terminar el día estábamos tan cansado que no pudimos ir a visitar Sevilla, y nos tuvimos que conformar con echar un vistazo a la Torre del Oro y la catedral al día siguiente, desde fuera, y con algo de prisa.

También pude ver a varias amigas y un amigo de Sevilla, a los que tenía ganas de poner cara. Los encuentros fueron muy breves, por mi falta de tiempo, y por la falta de tiempo de ellas y él, pero al menos sirvió para corporalizar los encuentros virtuales a través de la red. La única pena es no haber podido alargar más lo encuentros.

Como guinda de una semana excepcional, el viaje desde Sevilla fue increíblemente bueno. Las casualidades se iban encadenando una tras otras para hacérnoslo más sencillo, agradable y barato.

Desde que decidí (o me ayudaron a decidir) hacer las maletas y marcharme de España, es como si todo se fuese alineando para allanarme el camino. Excepto por la cuestión de la matrícula de la universidad (que, por otra parte, no es un tema que vaya a dar por zanjado tan fácilmente) tengo la sensación de que el universo me está premiado por atreverme a ir, por fin, en la dirección correcta.

Después de tres semanas, y tras haber pasado por la fase de estar jodido por tener que irme medio a la fuerza, estoy empezando a sentir auténtica ilusión por el proyecto de emigración, que de repente se me presenta como un horizonte lleno de posibilidades. Sí, me imagino en un humilde trabajo, en el McDonalds, en un almacén, o fregando platos, que es lo que toca cuando eres inmigrante, pero también me imagino ganando un poco más de dinero para poder reinvertirlo en la.trans.tienda y resolver ciertos problemas de financiación, mejorando mi inglés hasta poder empezar a traducir el trabajo de Autonomía Trans relativo a las violaciones de los derechos humanos de las personas trans y darle difusión a nivel internacional, o teniendo algo más de tiempo libre para que mi libro avance más rápido y poder empezar a enviarlo a editoriales cuanto antes.

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