Hace un tiempo (varias semanas, me temo), aguillotinados, dueño del blog «Los recortados«, sobre los efectos de los recortes que se están realizando con la excusa de la crisis (lo que nos da una idea de cuales son los verdaderos objetivos de los mismos, ya que, en su maayoría saltan bastante a la vista) me preguntó cuales eran los efectos de la crisis sobre los derechos de las personas trans. Es decir, si a causa de los recortes se había producido una pérdida de derechos.

La respuesta es muy fácil: para perder derechos es necesario, en primer lugar, haberlos tenido alguna vez.

Las personas trans, básicamente, no tenemos derechos.

Actualmente, a nivel nacional, el reconocimiento de género de las personas trans se realiza mediante el procedimiento, y con los requisitos, establecidos en la Ley 3/2007, sobre la que no hay polémica ni discusión fuera de los ambientes trans (en los ambientes trans, sí, y de hecho, en mi opinión, podría ser anticonstitucional, pero da un poco de grima plantear ese tipo de cosas, ya que la consecuencia podría ser que quedase derogada y se retornase a la situación anterior, que era todavía peor).

Esta ley, no establece un derecho a ver reconocida la propia identidad de género de manera universal, pero sí un cauce para acceder a dicho reconocimiento en caso de cumplir ciertos requisitos, que son:

1)      Obtener un diagnóstico psiquiátrico o informe psicológico de padecer un trastorno de identidad de género.

2)      Haberse sometido durante un periodo continuado de 2 años a algún tratamiento médico de modificación corporal (puede ser demostrado con informe médico, o con la intervención de un médico forense).

No obstante, aunque esta posibilidad de obtención de un reconocimiento de la propia identidad de género no está puesta en tela de juicio, obviamente se ve afectada por los recortes que se realizan en materia de salud, y también por los recortes en materia de tutela judicial.

En materia de salud, podría habernos afectado el repago en las prótesis, pero como nuestras prótesis no sólo no las cubre la seguridad social, sino que a todo el mundo le dan un poco de risa, nos da igual. Nuestros gastos no se costeaban antes, y no se costean ahora (tampoco es que antes la financiación de prótesis fuese una maravilla, para qué nos vamos a engañar).

Respecto a la supresión de ciertas especialidades en los servicios sanitarios, hay que señalar que la discriminación por razón de identidad de género es la norma habitual, de modo que las personas transexuales tenemos muy restringido el acceso a servicios sanitarios que ya existían y se venían prestando a toda la población, antes del comienzo de esta “crisis” (o, mejor, estafa). Mientras que las mujeres cisexuales pueden acceder a terapias hormonales para regular sus niveles de hormonas sexuales hasta lo que se considera “normal” para una mujer, las mujeres trans no. Mientras que un hombre puede acceder a terapias hormonales para elevar sus niveles de testosterona hasta alcanzar niveles “normales”, un hombre trans, no. Y ya, no digamos en caso de que una mujer deseara acceder a tratamientos hormonales para elevar sus niveles de andrógenos, o un hombre para bajar sus niveles de andrógenos o elevar sus estrógenos.

La discriminación, por cierto, va más allá incluso de la determinación del sexo legal, ya que un hombre transexual, que esté registrado como hombre, continúa teniendo que acudir a procedimientos “especiales” que no serían necesarios en caso de no ser trans. Esto se evidencia con mucha fuerza en lo tocante a las cirugías. Por ejemplo, las cirugías genitales para personas cisexuales se consideran de máxima urgencia y necesidad, mientras que las mismas cirugías para personas trans, se consideran prescindibles, optativas, cosméticas, caprichosas y, sobre todo, no sólo pueden, sino que deben ser demoradas durante muchos años “por el bien del paciente”, incluso cuando el sexo legalmente asignado del paciente no se corresponde con el sexo médicamente asignado a su aparato genital (porque aquí todo va de quién asigna qué sexo a dónde).

En este contexto, la discriminación puede ir un paso más allá, estableciendo unidades segregadas de atención a pacientes transexuales (se las llama “unidades especializadas”, que queda mucho mejor que “unidades segregadas”), evitando así que una persona trans pueda ejercer el derecho a la libre elección de especialista, limitando en gran medida la posibilidad de obtener una segunda opinión médica, y, sobre todo, controlando la capacidad de protesta de las personas trans, ya que en estas comunidades autónomas, los gobiernos autonómicos utilizan la prestación de servicios sanitarios como moneda de cambio para evitar que las personas trans exijan otros derechos. Ante cualquier conato de protesta, aparece la amenaza de que entonces “se puede quitar la UTIG”, lo que basta no sólo para acallar las protestas por medio del miedo, sino también para que las personas trans más conservadoras se ocupen de silenciar a quienes se atrevan a elevar la voz.

Una Comunidad Autónoma donde se ofrecía este tipo de servicios centralizados era Castilla y León (que, por otra parte, no ofertaba cirugías de reconstrucción genital para personas transexuales, pero sí para personas cisexuales). Recientemente la UTIG de esta Comunidad Autónoma ha sido clausurada, para consternación de muchas de las personas trans que recibían tratamientos sanitario allí.

No obstante, nos estamos empezando a dar cuenta de que la oferta de los mismos servicios sanitarios segregada por razón de identidad de género es discriminatoria. En muchas comunidades autónomas las personas trans están empezando a acudir a los mismos médicos a los que acuden las personas cis, y están recibiendo sus tratamientos con una mayor igualdad respecto al resto de la población (aunque el resto de la población no necesita un diagnóstico psiquiátrico para recibir tratamientos endocrinológicos, pero bueno…). Probablemente muy pronto empezaremos a observar este mismo fenómeno en lo referente al acceso a las cirugías, puesto que algunas personas ya están empezando a plantearlo como una estrategia para evitar las malas prácticas médicas que se vienen realizando en las UTIG (especialmente en Madrid, Andalucía y Asturias). Tres sentencias favorables (una en el TSJ de Galicia, otra en el TSJ de Asturias, y una tercera del TS, que era recurso de la de Galicia) indican que posiblemente este sea el futuro del acceso a la salud de las personas trans.

Por tanto, aunque se están produciendo recortes en las prestaciones sanitarias para el resto de la población, las personas trans estamos en una fase de ampliación de derechos al estar pasando de no tener acceso a los servicios sanitarios en absoluto, o bajo condiciones fuertemente discriminatorias, a acceder en las mismas (malas) condiciones que el resto de la población. Habría sido mejor que, además, las condiciones para la población en general fuesen buenas, claro…

Por último señalar que en mayo de 2012, el Gobierno amenazó (oficiosamente) con obligar a las comunidades autónomas a dejar de ofertar cirugías de reconstrucción sexual para las personas trans. Esta iniciativa finalmente fue bloqueada gracias a la acción de un puñado de personas (entre 5 y 10, frente a la pasividad del todo el llamado “colectivo LGTB”), y en mi opinión fue decisivo el ejercicio del derecho de petición a los órganos de gobierno de la Unión Europea. Uno de los pocos recortes que se han evitado desde 2008, lo que es decir mucho.

Hay dudas respecto de si los tratamientos de reproducción asistida estarán vetados para las mujeres de que sean pareja de hombres trans (a consecuencia del último recorte para dejar fuera a las parejas de lesbianas y a las mujeres sin pareja). No me queda duda, en cambio, de que un hombre trans que tuviese como pareja a una mujer, sí quedaría excluido de los tratamientos de fertilidad. También tengo dudas de qué pasaría si el tratamiento de fertilidad fuese solicitado por una pareja de mujeres, una de las cuales fuese trans, o por una pareja de hombres, uno de los cuales fuese trans. En mi opinión, deberían tener posibilidad de recibir esos servicios, pero habría que verlo.

Por supuesto, nos afecta tanto como al resto de la población (o quizá más) que se deje de considerar a las personas inmigrantes desempleadas como beneficiarias de los servicios sanitarios, especialmente teniendo en cuenta que muchas personas trans, ante el riesgo de ser asesinadas en su país, se ven forzadas a emigrar, y una vez en España, con el doble estigma de inmigrantes y transexuales (puesto que no existen mecanismos de reconocimiento de la identidad de género para los extranjeros), o triple en el caso de ser mujeres, lo tienen realmente complicado para que alguien les haga un contrato. Es casi como empujarlas a la prostitución. El aumento de las listas de espera también nos afecta, y más teniendo en cuenta que, como ya he señalado anteriormente, nuestras operaciones, a diferencia de las mismas operaciones realizadas a personas cis, se consideran de baja prioridad.

El hospital Clínic de Barcelona, donde está la UTIG de Cataluña, parece tener una vía de pago para quien pueda permitirse ahorrarse las listas de espera. La duda es si los pacientes que acceden mediante esta vía de pago ralentizan la lista de espera de los demás (es decir “se cuelan”), o si hay dos listas, una de pago y otra gratuita, que no se influyen mutuamente. Sospecho que es lo primero, pero no dispongo de información fiable al respecto (otra duda: teniendo en cuenta que en Barcelona hay varios grupos trans muy fuerte y reivindicativos ¿Por qué no hay más información al respecto?).

La reforma laboral que permite que se pueda despedir a quienes acumulan 9 días de baja en un mes, hace que ninguna persona trans que se vaya a operar pueda estar segura de que mantendrá su puesto de trabajo. Varias empresas se han visto obligadas a readmitir a personas que habían sido despedidas por ser trans, ya que eso sí que está prohibido, pero nada impide que una persona trans sea despedida en un ERE, o simplemente por coger una gripe un poco fuerte, o por estar hospitalizada con tres huesos rotos después de que la atropelle un conductor borracho. La nueva legislación laboral amplia las posibilidades de disfrazar la discriminación de despidos procedentes por cualquier otro motivo.

Las terribles tasas de paro que afectan a la población en general, no afectan especialmente a las personas trans. De hecho, cada vez menos personas trans se ven obligadas a prostituirse. Hemos pasado de un 90% de personas trans desempleadas o en la prostitución, a una cifra mucho más razonable de “sólo” el 40% (aproximadamente). La cifra sigue siendo mayor que la de la población en general, pero sin duda estamos mejor que hace 10 años.

Los recortes en los presupuestos para políticas activas de empleo, no nos afectan. Nunca se nos considero como grupo en riesgo de exclusión social (estamos discriminados hasta para que se nos considere discriminados), y seguimos igual. Las políticas para la población en general no nos ayudan (si nos ayudasen, no habríamos estado manejando unas cifras tan terribles de desempleo cuando había más ayudas en este sentido).

La congelación del empleo público es un duro golpe. Era una de nuestras mejores posibilidades para conseguir trabajo, ya que en las oposiciones no se viene generando discriminación por razón de identidad de género.

Seguro que me dejo cosas, o bien porque se me han pasado, o bien porque ya llevo escritos cuatro folios, o bien porque no soy consciente de ellas, pero con esto creo que ya da para hacerse una idea más o menos de la situación que, básicamente no ha empeorado porque ya era bastante difícil llegar a estar peor (aunque las detenciones arbitrarias en Grecia, los asesinatos en Italia y Turkía, o las leyes anti gay de los paises de la antigua Unión Soviética ponen en evidencia que siempre se puede estar un poco peor).

P.D. En el blog de Aguillotinados faltaría la sección de robos y choriceos varios, y gastos en idioteces como los carísimos retratos de los ministros y consejeros autonómicos salientes, o los Iphones para sus señorías, para poder establecer una correlación entre el dinero que se nos está robando, y el dinero que se está recortando. Por aquello de ver quien está viviendo por encima de nuestras posibilidades.

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