El 29 de julio este blog cumplió cinco años, es decir, un tiempo considerable de vida para un blog. Ya no escribo con tanta frecuencia como al principio (hace por lo menos dos años que no consigo publicar más de una entrada a la semana, o incluso cada quince días), pero al menos consigo mantener esa constancia, lo que para mí, que jamás logré llevar al día un diario constituye todo un logro.

Más importante todavía: a pesar de que actualizo poco, se me olvida responder a los comentarios, y que después de cinco años poco nuevo puedo escribir (seguro que me repito más que el ajo), todavía hay gente que me lee, y el nivel de visitas se mantiene alrededor de las 150 diarias ¡Muchas gracias! Supongo que para algunas personas que tienen páginas con miles de visitantes diarios, es poco, pero para mí es increíble que alguien se tome la molestia de prestarme atención durante tanto tiempo. Ahora mismo hay dos campeonas que están intentando leerse el blog desde el principio… si lo consiguen, me lo van a tener que contar, porque yo ya ni me acuerdo de todo lo que he escrito.

Por otra parte, también se que el único requisito para convertirse en un blogger veterano es, simplemente, continuar escribiendo mientras el tiempo pasa. Llevar cinco años haciendo algo, no significa que lo estés haciendo bien o mal. Simplemente, significa que lo haces.

Este año ha sido… bueno y malo. Supongo que cuando eliges no llevar una vida apacible, las cosas son siempre así, como vivir en una montaña rusa que unas veces sube mucho, y otras veces desciende vertiginosamente, para luego volver a subir, y a bajar…

En julio por fin me inscribieron como Pablo en el registro civil. Desde el 17 de julio soy Pablo oficialmente, pero no me avisaron hasta el 30 o 31 de julio (ya no recuerdo), por lo que es una de las cosas que puedo meter en este año. A finales de agosto conseguí mi nuevo DNI, y pude presentarme a los exámenes de septiembre en la UNED por fin como yo mismo. Eso fue agridulce: es una batalla que no he podido ganar. Posiblemente el hecho de estar físicamente lejos del Campus de la UNED ha influido mucho en ello. Sin embargo, sé que Belén de la Rosa todavía sigue en ello, aunque no sé cómo habrá influido el cambio de rector en la UNED. Ha salido elegido el más cerrado en ese sentido.

En septiembre, un correo electrónico con una invitación de Daniel de ALEAS-IU para participar en unas jornadas, abriría el proceso de elaboración de la ley trans de Andalucía. Recuerdo que dije “esto es muy gordo”, y Ángela también lo pensó, porque en dos días escribió nuestro primer borrador proponiendo una norma. Descubrir que Mar Cambrollé y ATA estaban en la misma línea que nosotros fue increíble.

Sabíamos que aquello podía llegar a ser algo muy grande, pero no nos imaginábamos la que se nos venía encima. Yo antes había hecho un poco de política (por desgracia) a nivel de grupos, y siempre me prometía a mí mismo no volver a hacerlo nunca más ¿No quieres caldo? Pues toma tres tazas.

La política me sigue pareciendo tan  odiosa como en aquel entonces, pero reconozco que para mí fue muy emocionante la primera vez que fui al Parlamento andaluz. Es de esas cosas que uno ni siquiera piensa que hará algún día, porque entraba en la esfera de lo impensable. Antes, estuve en el Congreso, como visitante, cuando estaba en COU. También visité el Palacio de Carondelet, de Ecuador, donde está la sede del Gobierno ecuatoriano. Pero… ¿ir alguna vez a un sitio de estos para trabajar? Ni se me había ocurrido.

A estas alturas, cuando tengo que ir a otra reunión allí es como “mierda, qué problema, no puedo cerrar la tienda tantos días, y además no me llega el dinero para el billete de autobús o la gasolina”. No sé si estos viajes están afectando negativamente al rendimiento de mi tienda, pero es posible que sí: a parte de tener que cerrar muchos días, estoy más cansado, estresado e irritable. Esas no son condiciones correctas para una persona que trabaja cara al público. Cómo cambian las cosas en unos meses.

En el camino, he conocido a gente nueva a la que estoy empezando a apreciar. También he dejado a gente a la que quería mucho, y el hueco que se me ha quedado en el corazón me duele cada día. Todavía no lo entiendo muy bien.  A veces pienso que las propias personas trans no estamos preparadas para que las cosas cambien. Mientras algunxs pedimos libertad, un amplio grupo tiembla de miedo ante lo que la libertad significa, y mientras lloran por estar bajo la tutela de los médicos, se consuelan pensando que al menos sus amos les dan pan para comer. Si no tuviesen amos ¿podrían estar seguros de que continuaría llegando el pan?

La proposición de ley trans de Madrid es un buen ejemplo de ello. Pensar esto me hace sentir muy triste. Me hace sentir que realmente debería abandonar.

A finales del otoño conocí a una chica que me gustaba, y pasamos unos días bonitos en navidad. Sin embargo, a aquellas alturas ya no me quedaba mucho que invertir en otra persona a nivel sentimental, y aunque lo que le di fue poco, también fue todo lo que me quedaba (por otra parte, creo que si hubiese tenido más para darle, se lo habría quedado también). Desde entonces he conocido a otras personas que me han mostrado cierto interés, pero no me han interesado. Al mismo tiempo, he sentido cierto interés por otras personas que no parecían muy conscientes de mi existencia (el tipo de persona que probablemente dice “parece que le caigo muy bien a Fulanito”, pero no saben muy bien por qué). A veces me siento un poco solo, pero cada vez me pasa menos, probablemente porque en realidad  me doy cuenta de que no tendría nada que aportarle a otra persona, y estando así las cosas… ¿Para qué buscar?

En marzo (el día 20) me operé por fin de mastectomía ¡Después de más de cuatro años! Por un momento, en el último momento, tuve dudas. Sin embargo ahora cada día estoy contento de haberme operado. Todavía continúo “en recuperación”. Las cicatrices siguen muy rojas, pero ya van mejorando. Los bordes están menos hinchados, y creo que llegarán a quedarse muy bien. Empiezo a recuperar la sensibilidad: primero empecé a notar que llevaba puesta ropa, y ahora, si me paso la mano, lo siento. Creo que todavía tengo que recuperar más sensibilidad, pero estoy en ello.

Me siento libre. Cuando las otras cosas parecen hundirse puedo pensar que al menos he conseguido sentirme bien con mi cuerpo, y que se reconozca mi identidad (aunque todavía hay quien me trata en femenino… hoy, en la tienda, una señora me ha llamado “chica”, y “guapa”, y yo la he llamado “señor” y “caballero”. Ella no me ha dicho nada, pero se ha dado cuenta y ha arreciado en sus femeninos… y yo en mis masculinos. Ha sido la primera vez que he hecho algo así, aunque había pensado hacerlo muchas veces. No me he sentido bien agrediendo a otra persona de la misma manera que esa persona me estaba agrediendo a mí. Me he sentido rebajado. No volveré a hacerlo). Podría retirarme de todo, vivir tranquilamente, con las cosas que he conseguido, con la tranquilidad de que he devuelto con creces lo que recibí de las personas que vinieron antes que yo. Podría hacerlo, y que les den por saco a todas esas personas que tienen miedo de la libertad.

Pero tengo la.trans.tienda, y me gusta (aunque esté siendo utilizada como arma para criticarme. Al parecer está mal tener una actividad empresarial relacionada con la transexualidad, a no ser que seas médico, psicólogo o abogado, y que seas cisexual, claro). Está empezando a dejar de perder dinero, y tengo muchos planes nuevos para el año que viene. Me gusta verla crecer, que la gente me escriba, que me pidan cosas, que pregunten, que hablen de ella con otra gente… De todas las cosas que hago, es una de las que más me gustan.

La otra cosa que más me gusta, es que he empezado a escribir una novela. A principios del verano anterior, las ideas revoloteaban en mi cabeza. La culpa la tuvo mi amiga Lluvia Beltrán, que me dejó leer un borrador de su novela “Fotografiar la lluvia” http://lluviabeltran.com/. Entonces, no sabíamos que la novela llegaría a publicarse (la ha publicado recientemente la editorial Algón), pero a mí me pareció que tenía algo especial. Era, simplemente, una historia humana, de  personas corrientes. Empecé a preguntarme si podría escribir yo algo así, una historia corriente sobre personas trans corrientes, y si a alguien le interesaría.

A finales de agosto, una película de Woody Allen (Sucedió en Manhattan) me hizo darme cuenta de que sí: se puede escribir, o hacer películas, sobre personas corrientes, que viven cosas corrientes. Quizá porque lo corriente refleja la humanidad de las personas.

Si todos fuésemos conscientes de que quienes nos rodean también son personas, y tienen miedos y deseos como nosotros, y se preocupan muchísimo por cosas pequeñas, o soportan cosas grandes estoicamente, porque la vida sólo avanza en una dirección, y a ver qué van a hacer… seguramente sería más fácil que nos llegásemos a entender.

Empecé a escribir en octubre. En diciembre tuve que pedir ayuda a mis amigas, porque ya había escrito lo suficiente para quedarme satisfecho, y tenía la idea tan armada en la cabeza que ya no me presentaba ningún reto que la hiciese interesante. Pero quería escribir la historia, así que les pedí apoyo moral, y me lo dieron. Gracias a ellas, sigo escribiendo, aunque muy despacio.

Ahora llevo unas 80 páginas del primer borrador, y ya tiene título. Se llamará «La mirada sobre Esteban». Una gran parte deberá ser reescrita, ya que la historia ha ido evolucionando y cobrando vida de manera que las partes posteriores no concuerdan con las inciales. Algunos personajes han cambiado de sexo, otros han cambiado su filosofía de vida. Los que en principio me parecían muy importantes están demostrando que tienen poco que decir, y hoy, después de hablar con el amigo que me puso la película de Woody Allen, ha aparecido un nuevo personaje que me ha añadido una subtrama que no sabía que necesitaba hasta que he hablado con él. Es curioso, porque realmente no le conozco tanto, hemos hablado sólo un puñado de veces, y sin embargo parece haberse convertido en la piedra angular de todo el relato. Tengo que plantearme empezar a conocerle más.

Escribo muy despacio, porque casi no tengo tiempo (con todas las otras cosas…), pero cuando logro sacar un rato, es mágico. En realidad, decir que estoy escribiendo yo es un exageración: cuando me pongo delante del ordenador, yo sólo pongo el trabajo mecánico (pulsar las teclas en el orden correcto), y la novela se escribe ella sola. Es muy intenso.

Me gustaría tener más tiempo para escribir. Quizá ese deba ser mi propósito para el año que viene. Dedicarme más a la novela. El mundo no se va a caer, aunque yo le dedique menos tiempo a él, y más a mí. Es posible que incluso sea mejor para mi salud.

Espero que a finales de julio del año que viene (o a principios de agosto) sigamos por aquí para celebrar el sexto año aprendiendo.

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