Un amigo mío dijo que cocinar lo trans sin las personas trans es como hacer paella sin arroz. Esta semana, los días 4 y 5 de julio, en Madrid, la Unidad de T. de Identidad de Género de Madrid (la T significa “Trastornos”,  aunque los organizadores hayan querido ocultar la palabra detrás de la letra) va a tener lugar el 2º Congreso Europeo de Transexualidad, con un precio de 300€ (200€ si eres estudiante) en el que los profesionales de salud se reunirán a hablar de las personas trans, sin las personas trans. Es decir, a hacer paella, sin arroz, y en una olla Express.

Porque si hablar de lo trans, sin lxs trans ya es un error, hablar de lo trans desde la medicina es el error al cuadrado. Principalmente, porque la transexualidad no es una enfermedad. Sí es cierto que muchas personas trans requerimos ciertos servicios sanitarios que están relacionados con la transexualidad, pero también lo hacen las personas cisexuales, precisamente por su cisexualidad (como las mujeres cis que piden hormonas para que no les salga barba o piden cirugías para que les pongan las tetas que no les salieron, o los hombres cis que piden hormonas para que sí les salga la barba o piden cirugías para que les quiten las tetas que sí les salieron) y sin embargo nunca se han organizado unas jornadas sobre cisexualidad.

No me importaría que se organizasen unas jornadas sobre efectos de las terapias hormonales, o sobre técnicas quirúrgicas. Serían buenas, e incluso necesarias. Sin embargo, de lo que se va a hablar aquí no va a ser de medicina. Se va a hablar de nuestras identidades, de las identidades de las personas trans que no podremos estar allí. Se van a establecer criterios de medida sobre nuestras vidas para decidir quien será susceptible de ser “reasignado” por los médicos, porque claro, son ellos quienes tienen el poder de reasignarnos. Se va a hablar de “éxito” del tratamiento, no en términos de la máxima consecución de los objetivos del tratamiento (es decir, que los cambios obtenidos sean los que el usuario deseaba obtener) sin efectos secundarios, sino en términos de “no arrepentimiento”, asunción correcta de los roles de género del sexo “deseado” o “sentido”, superación del test de la vida real, etc…

Esa paella, sin arroz, y guisada en una olla express, va a tener un sabor repugnante. Será un guiso asqueroso, que se nos servirá después a las personas transexuales para que nos lo comamos, y si nadie lo remedia, nos lo tendremos que comer.

El objetivo real de estas jornadas es precisamente ese. Que las personas transexuales sigamos comiéndonos ese plato deleznable que nos ofrecen en las UTIG. Los expertos autonombrados de siempre (Dr. Becerra, Dr. Cesar Casado, Dra. Esteva, y nuestras “queridísimas” psicólogas, junto con otras adquisiciones que vienen de Europa, y que también llevan años recibiendo fuertes críticas por parte de las personas trans) se reúnen para decir lo que siempre han dicho, y que cuando alguien les discuta puedan esgrimir que sus opiniones estuvieron respaldadas en el 2º Congreso Europeo de Transexualidad, omitiendo, por supuesto, que el respaldo ofrecido por el Congreso, se lo dan ellos a si mismos. Así se justifica que puedan continuar con sus prácticas discriminatorias, violentas, vejatorias, que vulneran los más simples principios de los derechos humanos, que el resto de la población da por hechos.

Hay veces que la gente a la que no conozco me pregunta a qué me dedico, y les digo que paso mucho tiempo trabajando sobre derechos humanos e identidad de género. Como no entienden que significa, les explico que principalmente intento eliminar violaciones de derechos humanos en el acceso a la salud. Entonces, invariablemente, me piden ejemplos, y yo les digo que en Madrid, hay un médico que exige a sus pacientes que se castren como requisito para seguir un tratamiento médico. Cuando lo explico así, se les cambia la cara y alucinan pepinillos. Me preguntan cómo puede ser eso, y yo les digo “porque son transexuales”. Entonces, su cara vuelve a cambiar, porque se les empiezan a remover las ideas. Porque la gran, enorme, casi totalidad de la gente piensa que es natural que una persona transexual sea esterilizada. Que es consecuencia inevitable, y al mismo tiempo, requisito imprescindible, de la transexualidad. Algo completamente normal cuando se piensa en esta gente extraña e incomprensible. Este es el discurso que defienden los “expertos” autonombrados, que el éxito del tratamientos de la transexualidad incluye necesariamente la esterilizanción de la persona. En cambio, basta ponerlo del revés, y explicar que la esterilización se exige a las personas, si son trans, para que a cualquiera se le pongan los pelos de punta, porque eso es una monstruosidad. Y punto.

De modo que los días 4 y 5 de julio habrá en Madrid una reunión de las personas vivas que más daño han hecho y están haciendo a las personas transexuales, en las que tratarán de relegitimar sus posturas brutales intentando perpetuar un modelo de atención que está diseñado para impedir el libre desarrollo de la personalidad de las personas trans, y para beneficiarles a ellos.

Como colofón final, el día 6 julio organizan lo que pomposamente han llamado “III Jornadas de Transexualidad Madrileña”, que le hacen pensar a uno qué considera esta gente como una jornada, ya que únicamente van a durar de 9 de la mañana a 14:00 de la tarde (en la Casa de Vacas de Madrid, por si alguien quiere ir). A mí me parece que eso es, como mucho “media jornada”. A esta “III ½ jornada de Transexualidad Madrileña” sí que pueden ir personas transexuales. Cuando nos enteramos en Conjuntos Difusos – Autonomía Trans (obsérvese que hemos cambiado de nombre) nos hizo tanta ilusión que en seguida les escribimos para inscribirnos, ya que la entrada es libre, pero requiere inscripción previa, ya que el aforo es limitado. Eso fue el día 18 de mayo.

¡Cual no sería nuestra consternación cuando nos llegó un correo, la semana pasada, diciendo que nuestra inscripción no estaba confirmada, porque se había completado el aforo! Lo cierto es que, más que consternados, nos sentimos mosqueados, porque a otro compañero que se apuntó más tarde sí le dijeron que podía ir. Empezamos a preguntarnos si no sería que habían decidido excluirnos de la ½ jornada de transexualidad madrileña (para abreviar, nosotros la llamamos “la becerrada”, por el apellido de uno de los organizadores) porque se sienten un poco molestos con nosotros. Después de todo, Conjuntos Difusos se inscribió como asociación para dar cobertura jurídica a una reclamación presentada ante el Defensor del Pueblo por una vulneración de los Derechos Humanos de una de sus pacientes, que es la co-presidenta de la Asociación.

 

Por otra parte, nos parecía difícil de entender que los profesionales de la UTIG, tan profesionales ellos, se tomasen la molestia de vetarnos la entrada a un acto público (discriminación en el acceso a los servicios), que encima está financiado con fondos públicos (es decir, que lo hemos pagado nosotros). De modo que decidimos inscribirnos de manera individual, por aquello de no ponernos a acusar sin tener todos los datos… Y en un par de días, se confirmó nuestra asistencia.

 

Así que ahora me seinto despechado, porque con las ganas que tenía de ir, me duele que esta gente no quisiera verme. Es triste, el amor no correspondido. Por otra parte, encuentro halagador que se hayan tomado el trabajo de tratar de impedir que vayamos. Significa que estamos haciendo daño, es decir, que estamos haciendo bien nuestro trabajo. Eso me anima a continuar en la misma dirección. Y, por último, es de agradecer que cometan un acto tan evidente y fácilmente demostrable de discriminación. Tenemos bastantes pruebas de que esta gente considera que la ley es algo que se aplica sólo a los demás, pero esta ha sido una de las más claras y fáciles de conseguir. La utilizaremos sabiamente.

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