Hay un momento en la vida de un hombre transexual en la que tiene que decidir si se somete a una extracción de ovarios y útero (histerectomía, para entendernos, aunque creo que la histerectomía en si sólo incluye el útero… si alguien lo sabe y me saca de la duda, se lo agradecería). Este momento ocurre la primera vez que tu médico te habla sobre ello y tú tienes que pensar «me opero», o «no me opero». Lo bonito de este asunto es que si te decides por «me opero» ya nunca podrás cambiar de opinión, mientras que si te decides por «no me opero», podrás volver a dedicir en el futuro, cada vez que quieras.

Creo que no he explicado aquí por qué no me quiero operar (o puede que sí), pero mi decisión, en este momento, es «no me opero». Tanto una cosa como la otra, tienen sus riesgos (decididamente, voy a escribir un post sobre el tema, a ver si durante esta semana me da tiempo), y cuando hablé sobre ello con mi endocrina de la UTIG me comentó que la decisión estaba en mis manos, pero que dos de los pacientes de allí habían tenido cáncer de ovario… cosa que es imposible que ocurra si no tienes ovario porque te lo han extraído. Así que si no me quiero operar, vale, pero en ese caso sería conveniente que me hiciese revisiones ginecológicas de vez en cuando.

Como los consejos de los médicos me los tomo muy en serio (para eso ellos han estudiado medicina y yo no), me hice el firme propósito de hacerme una revisión ginecológica, y me puse una fecha «límite»: cuando consiguiese el nuevo DNI. Porque los médicos te tienen que tratar igual de bien si tienes el DNI como si no lo tienes, pero está claro que si lo tienes, la protección legal es mayor y de más fácil de solicitar. NO SIGNIFICA que si no tienes el DNI no dispones de protección alguna. Simplemente, si lo tienes, la protección es mayor.

Así que primero conseguí el nuevo DNI, y luego la tarjeta sanitaria, que me dio algunos problemas, y, finalmente, cuando fui a mi médico de cabecera para que me metiese en la nueva tarjeta sanitaria las recetas de testosterona, también le pedí que me enviase al ginecólogo para una revisión.

Tengo que decir que, al parecer, en la UTIG de Málaga hay un ginecólogo, del que personalmente nunca he tenido noticias, y al que nadie me ha enviado a ver nunca, pero que aparece en todos los documentos que la UTIG publica sobre si misma como una prestación sanitaria. Según he escuchado por ahí, la misión de este señor (o señora, que no sé si es un hombre o una mujer) es hacerte una revisión justo antes de que te operes de histerectomía, y no mientras no te vayas a operar. En cualquier caso, no es algo que me preocupe mucho. No tengo ningún interés especial en que me visite un médico que trabaje en la UTIG. Es más, prefiero que no lo haga. El personal que trabaja allí no ha demostrado ni tener más sensibilidad, ni conocimientos, ni buen trato, que los médicos que me han atendido en otros sitios. Generalmente la atención ha sido tan buena como en otros sitios (por ejemplo, estoy muy contento con mi endocrina, aunque me consta que otra gente no lo está), y en ocasiones, ha sido peor. Entonces ¿para qué perder una mañana de trabajo, y recorrer cientos de kilómetros?

En mi centro de salud me dieron cita para 3 semanas después, a la 16:15 de la tarde. Una hora estupenda, fuera del horario comercial, que me permitiría llegar a tiempo, después de comer, y salir también con tiempo de abrir mi tienda como cualquier otro día.

Me olvidé del asunto (más bien, procuré no pensar mucho en ello) hasta el día de antes. De hecho, para no pensar mucho, ni siquiera lo comenté con mis amigxs. Sin embargo, el día de antes empecé a ponerme un poco nervioso, y me preparé la manera en que podría abordar al ginecólogo o ginecóloga, para explicarle de manera correcta lo que quería, y no darle lugar a hacer preguntas que me pudiesen molestar.

Tengo que confesar que en mi interior ya estaba disfrutando de manera anticipada del susto que le iba a dar al pobre ginecólogo o ginecóloga (no sabía lo que era, porque en las hojas de la cita no pone el nombre del facultativo que te va a atender… me gustaría saber a qué se debe eso, especialmente cuando la ley señala como deber de los pacientes conocer el nombre de su médico). Me imaginaba que daría un salto en la silla, o pondría cara de confusión, o intentaría disimular su sorpresa… en fin, ese tipo de cosas que pasan. Y es que, en el fondo, me gusta provocar. Un poco. Bueno, bastante.

Otro pensamiento que se me venía ocurriendo era que uno de los problemas de las visitas al ginecólogo es que tienes ahí a una persona que no te agrada, hurgándote en partes que… bueno, son privadas ¿no? Quizá si los ginecólogos fuesen todos muy guapos, las mujeres y los hombres trans gays o bisexuales, iríamos con más alegría a las consultas. A lo mejor mi ginecólogo se parecía a Iker Casillas, o a Angelina Joolie… Si fuese así, me iba a sacar un abono para ir a visitarlo 10 veces al año 🙂

Sin embargo, como suele ocurrirme con estas cosas, no di ni una en mis previsiones. La ginecóloga era una señora de unos 50 años, gordita, que no me pareció atractiva (¡Pero tampoco repulsiva! Simplemente, no está dentro de mi rango de edad), e increíblemente amable. Cuando entré, le dije que soy un hombre transexual y llevo 3 años en tratamiento con testosterona (así, todo seguido, para no darle lugar a pensar que un hombre transexual es una mujer transexual, como suele creer la mayoría de la gente), pero que, de momento, no tengo previsto operarme de histerectomía, por lo que mi endocrina me había recomendado que me hiciese una revisión ginecológica, a ver si estaba todo bien, aunque seguramente los órganos estarían bastante atrofiados.

La ginecóloga tuvo la desfachatez de no asustarse ni un poquito. En realidad, me dio la sensación de que, o bien conocía ya a alguna persona transexual, o bien había leído cosas y no conocía a nadie, pero estaba sensibilizada con el tema. Porque sabía de qué le estaba hablando, pero se la notaba insegura al hablar, como sintiendo que pisaba sobre terreno poco firme… es decir: sabía cosas, y también sabía qué cosas no sabía, que es algo mucho más difícil, y que requiere haber pensado bastante tiempo sobre un asunto.

Me trató con muchísima amabilidad y respeto. De todas las veces que he ido al ginecólogo, es la que menos daño me han hecho, ya que como no sabía muy bien donde estarían mis órganos (al estar atrofiados), iba con un cuidado excepcional. En cuestión de 10 minutos ya estaba listo. A falta de los resultados de la citología, me ha dicho que estaba todo bien, y que hasta dentro de un par de años o así, no hace falta que me haga otra revisión.

Así que 10 minutos y listo. A quince minutos de mi casa, sin tener que dejar mi trabajo. Mucho menos molesto que tener que ir hasta Málaga para que me atienda un médico de la UTIG. Definitivamente, la descentralización de la atención médica a las personas transexuales, no sólo es posible, sino imprescindible.

También, mucho menos peligroso, doloroso y costoso que tener que someterme a una cirugía y estar varios días de baja. Sin cicatrices, y sin tener que renunciar a mis derechos reproductivos. Creo que de momento, paso de esa operación. En el futuro, ya veremos, pero ahora… ni de coña.

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