El 24 de julio de 2008 empecé a escribir este blog con una carta abierta para mi familia y mi novio de entonces. Sólo la leyó uno de los destinatarios, y le hizo más mal que bien. Yo sabía que nunca sería capaz de darles a leer esa carta (y quizá por eso, por mi falta de valor, salí del armario de la peor manera posible), pero necesitaba publicarla. Necesitaba que alguien la leyera.

Luego continué escribiendo, en parte porque continuaba necesitando que alguien supiese lo que me pasaba, en parte porque mis amigos empezaron a leer el blog y servía para explicarles cosas que no sabía decirles de otra forma, y en parte porque había estado buscando blogs de otras personas transexuales cuyas experiencias me orientasen, y no existían, de modo que pensé que ya que no había encontrado las experiencias de otros, otros podrían al menos encontrar la mía. También escribía para ordenar mis pensamientos, para expresar sorpresa por las cosas que me rodeaban, por placer…

A lo largo de estos años he visto nacer y, tristemente, morir, muchas iniciativas de chicos trans que empezaron blogs o canales en youtube con objetivos más o menos ambiciosos. He visto nacer varias veces “el primer canal de hombres transexuales en Youtube”, “la primera web FtM en español”, “la primera comunidad FtM”, “el primer grupo de experiencias FtM de España”, “queremos crear un lugar de encuentro para todos los hombres transexuales de la red”, “vamos a proporcionar toda la información sobre transexualidad”… Es como si cada hombre transexual que inicia su transición tuviese que “descubrir la rueda”. Sin embargo, generalmente no sobreviven más de unos meses.

Cuando empecé a escribir, miraba con ilusión las estadísticas de visitas. 3 o 4 visitas cada día. En ocasiones, 10. Al final del primer año eran 20 ó 30. Al final del segundo año, tenía unas 50 visitas diarias. Al final de este cuarto año, sois unas 150 personas las que me visitáis cada día. Muchas veces, gente con la que hablo me dice “he leído tu blog”, y me da mucha vergüenza, pero me gusta. No aspiro a la fama, ni a convertirme en una referencia de nadie, pero sigo mirando las estadísticas del blog con ilusión. Pienso que, por lo menos, estoy contribuyendo a que no todos tengan que “descubrir la rueda” desde el principio. Eso me hace sentir muy bien.

A todxs lxs que me visitáis, comentáis, agregáis al Messenger o a Facebook, o me escribís correos con mensajes de solidaridad, o con preguntas y peticiones de apoyo. ¡Muchas gracias! Y también… ¡tened paciencia conmigo! No siempre puedo dedicaros todo el tiempo que merecéis y que me gustaría (especialmente, a quienes me agregáis al Messenger, ya que no entro casi nunca). También vostrxs hacéis este blog.

Hoy, cuatro años más tarde, quiero recordar aquel primer día con una nueva carta abierta.

Carta abierta para quien acaba de reconocerse como transexual.

Querido amigo, querida amiga, querid* amig*:

Cuando no me quedó más remedio que reconocer que yo no era la mujer que todos me decían que era, y que yo me estaba esforzando en hacerles creer que era, me sentí enloquecer. Tenía muchas preguntas, y la mayoría eran para mí. ¿De verdad era un hombre? ¿No echaría de menos vivir como mujer? ¿No se me estaría yendo la olla? Si llevaba aguantando tantos años ¿no aguantaría un poco más? Siempre pensé que podría aguantar indefinidamente, hasta que llegó un momento en que el cable azul se juntó con el rojo, y todo saltó por los aires.

La pregunta más difícil era ¿Seré capaz de pagar el precio? Yo no quería pagarlo. No sentía que tuviese que pagarlo. Me parecía muy injusto que todas las personas que me rodeaban pudiesen ser ellas mismas de manera gratuita, y yo tuviese que entregarlo todo a cambio.

Mi vida entera estaba basada sobre una suposición falsa: la suposición de que yo era una mujer. Durante una época de mi vida, en la que yo no me había comportado como se esperaba de mí, las cosas habían sido muy difíciles. Después, cuando me plegué a lo que se suponía que debía hacer una mujer, todo fue mucho más sencillo. Yo, que nunca había recibido más que ataques y desprecios, empecé a recibir protección y cariño. Durante mi adolescencia, sufrí el acoso de mis compañeros, con la tolerancia de muchos de mis profesores (afortunadamente para mí, no de todos mis profesores, y quizá por eso puedo hoy contarlo). La culpa era mía porque hacía caso a mis acosadores. “No les hagas caso”, me decían. Pero también me decían “adelgaza”, “ponte otra ropa”, “maquíllate”, “camina con más gracia”. Lo que en realidad querían decir era que los problemas terminarían en cuanto me sometiese.

No soy una persona fuerte. No soy fuerte para nada. Me sometí, y todo empezó a ir mejor. Todos estaban felices conmigo. Y como ellos estaban felices conmigo y me trataban bien, yo era feliz también. El problema era que mi felicidad era de segunda mano. Mi felicidad era la de ellos. Mi precio por ser transexual era que cuando dejase de hacerles felices, yo dejaría de recibir esa felicidad que me transmitían. Peor aún, debía prepararme, porque sospechaba que volvería a la situación anterior: la violencia y el acoso.

Mi vida saltó por los aires en cuestión de tres meses. Me quedé sin novio, sin padres, sin trabajo, sin casa y cambié mi flamante coche nuevo por el viejo Citröen AX que había quedado relegado para desplazamientos menores. Un día, cuando iba por la calle, me di cuenta de que había perdido hasta mi nombre. No me quedaba nada. Fue el mejor año de mi vida.

 No todas las personas trans han tenido que pasar por la experiencia de ver como se destruía todo lo que habían ganado con tanto esfuerzo a lo largo de su vida (unas veces vidas cortas, otras veces, vidas más largas). Muchas han conseguido que sus padres, sus parejas y sus hijos las apoyen (con más o menos esfuerzo), y los más afortunados han logrado un apoyo incondicional, que les ha facilitado muchísimo las cosas. A veces, he contribuido (siempre modestamente) a que esta situación haya sido posible.

 Porque es posible. Se puede ser transexual y no tener que pagar ningún precio. Al cumplir mi primer año de blog, se había añadido un nuevo objetivo en mi vida: que yo fuese la última persona que tuviese que sufrir por ser transexual. Es un objetivo imposible, pero eso no tiene la menor importancia. Lo más importante que he aprendido en estos cuatro años es que puedo hacer cosas imposibles.

 Tú también puedes hacer cosas imposibles. Es imposible que los hombres sean mujeres. Es imposible que las mujeres sean hombres. Pero tú puedes hacer posible ese imposible, y si puedes hacer eso, puedes hacer cualquier cosa. Te lo aseguro.

 Habrá mucha gente que te diga que la transexualidad es una enfermedad. Incluso puede que tú mismx te sientas tentado de pensar eso. ¡Se sufre tanto! Sin embargo, debes recordar que el sufrimiento no lo provoca el ser transexual. El sufrimiento viene cuando no te permiten ser transexual.

 No eres ningún monstruo. No eres ningún bicho raro. Tus problemas no son más que el reflejo de las imposiciones que la sociedad hace sobre nuestros cuerpos y nuestras personalidades. Igual que los gordos no sufren por ser gordos, sino porque no les dejan tranquilos con su gordura, ni los calvos, ni las mujeres con el pecho plano, ni los hombres con las tetas grandes…

 Va a haber mucha gente que intentará evitar que seas transexual. Puedes poner a cada uno de ellos en su sitio. Sólo tienes que saber cómo. Busca a otras personas trans, aprende de sus experiencias, pero evalúa sus consejos a través del filtro de tu sentido común antes de ponerlos en práctica, porque si se equivocan al decirte algo, quien va a sufrir las consecuencias serás tú.

 Se amable, paciente y generoso. Ser generoso ha sido una de las cosas que más me han ayudado en estos cuatro años. La vida te va devolviendo lo que das, aunque no de la misma forma, ni por la misma persona. Dedica tu tiempo a otras personas, y nunca te verás solo. Hazlo sin esperar gratitud.

 Se humilde. Agradece a las personas que te ayuden y te apoyen. Es posible que ellas no necesiten ese reconocimiento, pero es bueno que igualmente se lo des. Te servirá para darte cuenta de que no todo lo que sucede en tu vida es malo. Trata de devolver el favor, ayudando a otros de la misma forma en que te ayudaron a ti. Las personas trans necesitamos que el mundo cambie a mejor, pero no cambiará si no hacemos nada para cambiarlo. Se tú el cambio.

 Estudia. Si estás en lo que comúnmente se llama “edad de estudiar”, aprueba los cursos que te quedan por delante. Ve a la universidad. Termina la universidad. Si esa edad ya pasó, retoma los estudios. Haz un curso de lo que sea, lee libros, sácate los títulos que se te quedaron pendientes. A las personas trans se nos ponen muchas pruebas por delante. Cuantas más cosas sepas, más herramientas tendrás para afrontarlas, y para ayudar a otros a afrontarlas.

 Siempre manten la dignidad. No tienes de qué avergonzarte. Tu cuerpo es perfecto y tu mente es perfecta. No dejes que nadie te diga lo contrario. Enorgullécete de quien eres (sí, se puede ser orgulloso y humilde al mismo tiempo).

 Mucha gente va a venir a decirte quien eres. No se lo permitas. Déjales claro que la única persona que puede decidir quien eres, eres tú. Los datos que aparecen en el DNI no crean tu identidad, sino que deberían reflejarla. Si te llamas Antonia, y en tu DNI pone Juan, eso no significa que te llames Juan en realidad: significa que los datos del DNI son erróneos.

Mucha gente va a querer decirte también como debe ser tu cuerpo y tu vida. Lo que te tiene que gustar, como te debes mover, que ropa debes ponerte, qué cosas puedes decir y qué cosas no puedes decir. Qué puedes desear y qué no. Habrá aburridísimas conversaciones, de horas de duración, en las que terceras personas tratarán de comprender por qué quieres o no quieres operarte. O por qué quieres o no quieres hormonarte. Hagas lo que hagas, alguien te va a pedir explicaciones y va a juzgar tu transexualidad o no transexualidad en función de lo que digas. No tienes por qué darles ninguna explicación. Ni siquiera tienes que hacerles ningún caso. Personalmente, las charlas sobre por qué yo u otras personas se quieren o no se quieren operar me parecen absurdas.

 Disfruta en el camino. La vida de las personas transexuales, a veces es fácil y a veces es difícil. Tal vez tú querías que tu vida transcurriese por un sendero apacible, con suaves colinas y sin grandes sobresaltos, y de repente te has dado cuenta de que estás al pié del Himalaya y tienes que subir a la cima. Subir al Himalaya es mucho más difícil, pero quienes lo han intentado son dignos de admiración. A ti te va a tocar escalar, y probablemente nadie te ha dado opción para hacer otra cosa. Pero ya que estás en la escalada, disfruta.

 Te irá bien. Eso te lo garantizo.

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