Creo que te habría molestado que yo hablase de ti, y por eso no voy a escribir tu nombre. Nos llevábamos mal. Intercambiamos frases agrias a través del muro de Facebook de una amiga mía (a la que siempre criticabas, porque no te gustaba nada de lo que decías).

Pensabas que mi amiga y yo, y las personas que opinan como nosotr*s, hacíamos mucho daño al colectivo transexual, porque confundimos a la gente. Pensabas que les hablábamos de un tercer sexo, o de que habían muchos sexos, y que conseguiríamos que todo el mundo creyese que todos los transexuales somos así de raros, cuando tú sólo querías ser una mujer normal y corriente. Una mujer como otra cualquiera.

Eras guapa, y eras pasable. En estos días se habla de si te querías operar o no. Yo creo que el mensaje que nos has mandado a todos es que no te querías operar. Lo que querías era haber nacido ya con esos genitales «de serie», y vivir toda tu vida con la tranquilidad que da sangrar cada mes, y saber, aunque nadie lo haya visto, que cada célula de tu cuerpo lleva un pequeño sello «XX» certificando que eras una auténtica mujer.

Esa era la unica manera de ser una mujer como otra cualquiera, y tú lo sabías. Esa era tu verdad, la verdad que no podías compartir con nadie, y la que veías en los ojos de los demás. En la mirada de los hombres que quizá te gustaron, y te rechazaron. En los gestos de la gente con la que te cruzabas en el portal.

Tenías la suerte de ser muy pasable, pero ¿vivías sin miedo? ¿O estabas preguntándote constántemente cuanto tardaría esa persona en enterarse de que eras transexual?

Te tiraste desede un sexto piso, pero ¿cuantas manos te empujaron?

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