El lunes a las 7 llamé de nuevo, y, efectivamente, me cogió el teléfono otro hombre más joven (pero tampoco es que sonase como un pimpollo), que ya estaba informado de que llamaría y sabía de que iba la cosa.

 

En este caso, la conversación fue un poco más larga. Me preguntó el nombre y apellidos de mi novia, su fecha de nacimiento, me preguntó para qué era la partida de nacimiento, porque si era para matrimonio tenía que enviarla al arzobispado de Barcelona para que la autorizaran (cosa que pensé que no me vendría mal, puesto que en mi parroquia de aquí me dijeron que las partidas bautismales para apostatar había que solicitarlas a través del arzobispado), etc. En total, unos quince minutos de conversación fingiendo que soy mi propio novio, lo cual resultó un tanto perturbador. Teniendo en cuenta que hay gente que cree que soy mi hermano, empiezo a pensar que tengo una relación demasiado familiar conmigo mismo. Si soy mi hermano, y mi novio, y me voy a casar conmigo mismo (o misma) ¿Me convierte eso, simultáneamente en mi cuñado? Si me masturbo ¿es incesto?

 

Lo cierto es que no me gusta mentir a la gente. Aunque la situación en si me parece divertida (¿cómo no podría ser divertida una cosa tan ridícula?), el hecho de mentir no me divierte. No pretendía tomarle el pelo a ninguna de las personas con las que hablé, ni hacerme el listo,  ni nada. Habría preferido poder decirles tranquilamente la verdad: que quiero la partida bautismal para apostatar. Sin embargo, cuando lo hice en la parroquia de mi pueblo, al cura le cambió la cara y se cerró en banda a hacer cualquier cosa, así que… ¿Qué otra opción me dejan a parte de mentirles? Si no quieren que la gente les mienta (y, de paso, provoque situaciones ridículamente divertidas a su costa) deberían dejarnos la opción de decir la verdad.

 

Tres días más tarde volví a llamar y ya me tenían localizada la partida de nacimiento. Pero… me pedían que les enviase una fotocopia del DNI de mi novia para asegurarse de que le enviaban la partida bautismal a su dueña, y no a una persona que no saben quien es, y que no debería tenerla. ¡Lógico! Más que lógico, tal vez sea incluso obligatorio según la LOPD (no lo sé seguro). Incluso me parece bien que mi partida bautismal no vaya por ahí circulando para quien la quiera mirar. El problema es que la foto de mi DNI es una foto actual. Por más que mucha gente parece completamente imune a mi imagen y me trata en femenino, creo que mi DNI es suficientemente revelador para cualquiera que quiera entender. Sin embargo, la foto del carnet de conducir sí que es antigua, así que les pregunté  si podía enviarles una fotocopia de ese carnet, porque mi novia acababa de perder el DNI y no le daban cita para sacarse otro (“si ponemos un circo, nos crecen los enanos”, añadí, para darle color a mi papel de novio atareado en la planificación de una boda tradicional). Me dijeron que sí, que con eso valía, así que al día siguiente estaba ya enviándoles la carta, con fotocopia del carnet de identidad, solicitándoles que enviasen la dicha partida de nacimiento.

 

Tres semanas más tarde, ha llegado, por fin, la partida bautismal. Yo pensaba que sería una fotocopia de la original, pero no. Se trata de una hoja en la que han copiado a mano los datos de la partida original, con una caligrafía cuidadísima (todo hay que decirlo), y autenticada por el arzobispado de Barcelona, para asegurar que es fidedigna. En la web asdfasdfas, donde explican cómo apostatar, comentan que te cobran 10€ por la partida, pero a mí me la enviaron gratis. Seguramente el solicitar o no una “donación” por las molestias queda a discreción de cada parroquia. Por otra parte, no me parecería malo o escandaloso que me hubiesen cobrado algo, después de las molestias de buscar, copiar, enviar al arzobispado, y remitirme la partida bautismal. El Estado nos cobra 10€ por hacernos el DNI, y es un documento obligatorio…

 

La verdad es que me da muchísima pena haber engañado a esa gente tan amable, que me han enviado la partida diligentemente, con una caligrafía preciosa, y gratis. Supongo que cuando les llegue la orden de anotar en mi partida que he solicitado ser apartada de los ritos (porque no les dirán “apartado”, sino “apartada”), y tal vez también que incluyan una nota advirtiendo que no se me permita contraer matrimonio, se acordarán de todos mis antepasados, y de paso sentirán rabia contra todos los gays, lesbianas y transexuales del mundo, que, además de tener perversas costumbres contra natura, nos permitimos mentir y manipular a gente que va de buena fe, como ellos. Habría preferido no tener que hacerlo, pero tampoco veía otra salida…

 

Más adelante me enteré de que se puede declarar la apostasía sin necesidad de la partida bautismal. Lo encontré en un boletín (del que hablaré más adelante), y luego me lo confirmó un amigo que hizo su apostasía saltándose este paso. Sin embargo, si no indicas donde está tu partida de nacimiento, la administración eclesiástica no la puede encontrar para anotar que te apartas voluntariamente de los ritos (porque los archivos de las partidas bautismales en la actualidad siguen el mismo sistema que tenían en la Edad Media: es decir, cada persona es anotada en el registro de la parroquia donde fue bautizada, y en ningún otro sitio más, por lo que localizarla es imposible, así como también es imposible hacer una estimación de cuantos bautizados hay en cada momento), y a mí me gustaría que ese dato figurase en mi partida, de cara a que quede una constancia histórica que puedan aprovechar futuros investigadores.

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