Hace unos días tuve una pequeña conversación sobre el Día del Orgullo [Gay] con unas amigas, que creo que se merece una entrada de blog.

Lo cierto es que el Día del Orgullo [Gay] (añado gay entre corchetes porque en realidad se llama «fiesta del Orgullo», a secas, pero casi todo el mundo añade lo de gay, y al final es lo que queda) se ha convertido en una super juerga por todo lo alto, al menos en los dos Orgullos de los que yo tengo más referencias, que son el de Madrid y el de Sevilla. De hecho el Orgullo de Madrid se considera «el mejor Orgullo del mundo». Es decir, la fiesta más guay.

Por eso, yo me pregunto si hacer que gay se convierta en sinónimo de fiesta, extravagancia y banalidad ¿En qué nos ayuda a la hora de conseguir derechos civiles y laborales? ¿Y si, de camino, convertimos transexual en sinónimo de gay con un vestido de noche? ¿Ayuda eso a alguien?

Conste que a mí me parece muy bien que cada cual se pegue las juergas que quiera y celebre las cosas que quiera y como quiera (yo celebro la navidad y soy agnóstico), pero que no me lo vendan como «la lucha por nuestros derechos» o «una acción por la visibilidad» cuando lo que estás mostrando es a muchos hombres gays (¿alguien vió a alguna lesbiana? ¿algun* bisexual? ¿algun* transexual? ¿no es obvio por qué casi todo el mundo lo llama la fiesta del orgullo gay?), jóvenes, presuntamente solteros, con poca ropa y pasándoselo pipa en una fiesta que, como ya he dicho, ha alcanzado fama internacional. Y que no falte una drag queen haciendo algún espectáculo, o como presentadora.

Entonces ¿orgullo de qué? ¿De ser los que hacen las mejores fiestas y tener talento para espectáculos? Pues vale, está muy bien, pero no creo que ninguno de los problemas de las comunidades LGTB consista en que alguien nos considera demasiado aburridos y serios como para ir de fiesta. Más bien el problema es que se nos considera demasiado fiesteros y despreocupados como para hacer cosas serias, tales como educar criaturas o desempeñar un trabajo seriamente. Hacer fiestas y llamar la atención desmarcándose de la norma social está muy bien, pero limitarse a organizar la gran juerga en el único día que alguien nos presta algo de atención (y sin que deje de ser algo anecdótido, de todos modos) me parece desacertado.

Una de mis amigas comentaba que en realidad, en las manifestaciones del Orgullo participan otras muchas personas que además de los hombres gays pintados de colores, los hombres gays daddys leather, los hombres gays haciendo el gamba… que son los que SALEN en las noticias, también hay miles de gays, lesbianas, bisexuales, y resto de identidades o grupos, que no van ni pintados, ni de cuero, ni haciendo el gamba. Familias, familiares, activistas, gente comprometida. Me ponía como ejemplo la manifestación de Bilbao, donde, según cuenta en los tres años que ha salido la mayor parte de la gente eran chicas.

Bien, ahí tengo que reconocer una cosa: hasta el día de hoy, no he tenido la ocasión de ir en persona a ningún Orgullo, y siempre me he enterado por terceros de lo que ocurre. El problema es que entendería que los medios de comunicación sólo enfoquen a lo que más llama la atención (pues «comunicar» no es sinónimo de «informar», ni de «objetividad», ni siquiera de «decir la verdad», y cuando se trata de prensa y televisión, por desgracia, nos tienen habituad*s a que comunicar signifique manipular). Pero es que, además de los medios de comunicación, también las cámaras de mis contactos de Facebook apuntan en la misma dirección. Es más, es que las promociones que se realizan desde las organizaciones apunten en esa misma dirección… y para muestra, un botón. Si alguien no soporta el video entero, no hay obligación de verlo.

Otra amiga tocaba otras dos cuestiones importantes. Por una parte, comentaba que no entendía muy bien por qué hay que estar especialmente orgulloso de ser gay/hetero/trans/bi/x en la vida… metiendo hetero en el saco intencionadamente. Por otra parte, también señalaba que a ella le parecería más lógico que el Día del Orgullo intentase normalizar la convivencia, en lugar de intentar llamar la atención de algún modo por unas determinadas opciones sexuales, o hacer que los demás vean como «diferentes» a los que las toman. Con esto de normalizar no se refería mi amiga  a adaptarse a una norma si no a lograr que cualquiera de las opciones sea considerada como algo «normal» (a falta de una palabra mejor que ni ella ni yo conocemos). Es decir, en realdiad se trataría de modificar la norma para que se adapte a la realidad, de intentar hacer que se vea «normal» lo que ahora muchos no ven de ese modo.

En respuesta, le comentaba que, respecto al concepto del Orgullo en si, no puedo ponerle ninguna pega. El orgullo no es por una orientación o identidad sexogenérica concreta, sino por sobrevivir dentro de una sociedad fuertemente represiva. Mucha gente vive una larga vida y muere en el armario. Otr*s salen del armario y a causa de ello viven una vida corta y difícil. L*s que quedamos podemos estar orgullos*s de sobrevivir sin escondernos. Por eso a l*s homófob*s les da rabia que se celebre, porque también es el día de la vergüenza homofóbica. Seguro que se dicen entre ell*s: «¡Mira cuantos quedan todavía, y encima están orgullosos de su asqueroso estilo de vida!».

En una cosa hay que dar la razón a Intereconomía. El día del Orgullo [Gay] es sólo uno al año, y los 364 restantes no lo son. Eso no debería ser así: todos los días deberían ser del orgullo, porque como también comentaba una de mis amigas, en realidad «orgullo» significa «me siento tan dign* como cualquier otr*».

En cuanto a la normalización, es un concepto un poco problemático, porque generalmente empieza entendiéndose como lo quería expresar mi amiga, pero en la práctica suele terminar interpretándose como «entrar en la norma», y la norma, en la actualidad, configura un sistema heteroblancopatriarcal en el que el capital manda y donde las familias son unidades de producción/reproducción, fabricas de futuros trabajadores/esclavos que generan una dinámica gracias a la cual, la mujer se supedita [todavía] al hombre, y el hombre se supedita a su empleador. Que oye, si lleva tanto tiempo funcionando sin que casi nadie lo cuestione, algo bueno debe tener, y para quien lo quiera, me parece genial, pero personalmente no me parece que la norma sea como para tirar cohetes, y «normalizarme» no entra dentro de mis aspiraciones personales.

Mi opinión (mía y sólo mía, totalmente discutible, que no representa a nadie más, pero que, casualmente, coincidía con las de mis amigas, probablemente porque la gente hace amistad con personas de opiniones afines) es que a lo que se debería tender es a la posibilidad de normalizarse (como, por ejemplo, derecho al matrimonio, adopción, acceso igualitario al mercado laboral, etc), pero también a la posibilidad de no normalizarse y generar comportamientos sociales alternativos y tan respetados y protegidos como los considerados «normales». Es decir, que la normalidad no sea al mismo tiempo la única norma légitima y aceptable. Y aunque pegarse la gran fiesta vestid* como te de la gana en Chueca o donde sea es una buena acción de cara a la visibilidad de la diferencia, eso no responde, al mismo tiempo, a la otra necesidad, que sería la de introducir nuevos modelos sociofamiliares, laborales e identitarios, o permitir la ampliación de la norma existente para incluir en ella a quienes deseen ser incluidos.

En mi opinión se podría, y se debería hacer más, y de otra forma.

(Agradecimientos a Linay y a Unanada por sus aportaciones ^_^)

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