En los paises angloparlantes se suele utilizar la palabra «transgender» como término paraguas para referirse a aquellas personas que no se sienten conformes con el sexogénero que se les asignó al nacer. Es decir, englobaría a transexuales, transgénero, travestis, crosdresser, drags – queen o king -, genderqueer, y algun*s intersex.

En España se intentó, y se sigue intentando utilizar el término trans, puesto que «transgénero» tiene la connotación de «cambio de género sin hormonación ni cirugías». Sin embargo la palabra trans no consigue convertirse en un denominador común, y eso que transgénero, transexual y travesti tienen ese sufijo común. También he visto que últimamente se ha empezado a escribir trans* (es decir «transloquesea»), pero no hay modo.

Curiosamente, parece que en los EE.UU. ese término paraguas, «transgender» está empezando a no servir. Algunas (y uso el femenino, porque normalmente son mujeres) transexuales se sienten ofendidas si alguien se refiere a ellas como transgénero. En España ocurre lo mismo con algunas transexuales, que se sienten ofendidas si alguien se refiere a ellas como trans (aunque, paradójicamente, en otras ocasiones ellas mismas usan la palabra «trans» como lema, y corean muy contentas el lema «aquí está la resistencia trans»).

De algún modo los términos paraguas se han ido llenando, de cara a las transexuales «clásicas» (o, más bien, conservadoras), de un matiz de «falsedad». Es decir, están las «verdaderas transexuales», y luego están l*s trans, que son gente que están jugando a no se sabe muy bien qué. Mientras que las transexuales son presa de un profundo sentimiento auténtico, de una feminidad absolutamente genuina, incontestable, sin matices, y, sobretodo y muy importante, natural… l*s trans sólo pretenden provocar y hacer política de cara a la galería. Ni sufren, ni padecen, porque no son auténticas mujeres u hombres, sino un grupito de alborotador*s que un día se cansarán, se quitarán la máscara, se buscarán un trabajo de verdad, formarán una familia, crecerán y se olvidarán de todo.

De este modo, las transexuales conservadoras terminan repitiéndo los más rancios discursos médicos y religiosos esgrimidos por los colectivos homotrasfóbicos. Esto es que cualquier otra manifestación o identidad de género que no sea la auténticamente transexual, no es natural y no merece, por tanto, ser atendida, escuchada, o reconocida. Ellas establecen también los parámetros de qué es natural y qué es una postura política. Casualmente esos parámetros coinciden con sus propias experiencias y necesidades. Generalmente:

1. Que se hayan sometido a una cirugía de reasignación de género, o

2. que deseen someterse a una cirugía de reasignación de género y todavía no haya sido posible hacerlo, o

3. que se estén sometiendo a algún tipo de terapia hormonal, o

4. que dessen someterse en el futuro a algún tipo de terapia hormonal, y

5. que sean indudablemente mujeres u hombres como otros cualquiera.

El quinto requisito es indispensable, pero por si sólo no sirve, sino que debe estar combinado con uno de los otros cuatro. Por cierto, que el orden en que los he escrito no es casual. Quien tiene el requisito 1 está por encima de quien tiene el requisito 2, y así sucesivamente, pero todas las personas que cumplen uno de estos requisitos son auténticas transexuales «naturales». La naturaleza las ha hecho así, de modo que son buenas (y ellos, cuando los hay, son buenos). Los que no cumplimos estos requisitos, no somos «naturales». Actuamos por capricho, y no por un imperativo natural que nos causa sufrimiento, tratamos de usurpar todo el trabajo que han hecho ellas antes de que nosotros apareciésemos, y somos malos.

La diferenciación natural – innatural aparece con la misma fuerza con que aparece en el discurso homófobo. Las palabras que usan son tan parecidas que dan miedo.

Entiendo que es la inseguridad la que les hace hablar de esta forma. Después de mucho tiempo luchando por ser reconocidas como auténticas mujeres, cuando por fin se empieza a conseguir, aparece un grupo de personas diciendo que son trans, y que no se consideran ni hombres, ni mujeres. Eso a ellas les da muchísimo miedo, porque temen que, de golpe, se desmonte todo lo que han logrado, y vuelvan a la etapa inicial. Creo que, en algunas ocasiones, esta necesidad nace de ellas mismas. Llevan tanto tiempo intentando legitimarse como auténticas mujeres ante sus propios ojos… que no pueden permitir que alguien vuelva a hacerla dudar ni un sólo instante.

A mi modo de ver, las diferencias que tenemos son muchas menos, y menos importantes, que las similitudes. Lo siento por ellas, pero en realidad ni siquiera sus propios aliados creen que sean mujeres de verdad. El otro día escuché a una persona no trans, pero muy implicada en el movimiento trans, con completa buena fe y convicción, decir «parece mentira que Fulano diga tal cosa, cuando a su lado tiene a una persona que no es del sexo que parece» (refiriéndose a una transexual clásica, de la que es amigo).

Tenemos los mismos problemas de reconocimiento de la identidad de género, y más problemas a nivel médico y legal que ellas. La solución de los problemas trans, facilitaría enormemente la vida de las transexuales. Creo que lo lógico sería que tod*s hiciésemos por entendernos y por buscar un término paraguas que nos englobe, con nuestras diferencias.

Sin embargo, esto cada vez parece más difícil, y yo cada vez estoy más convencido de que tal vez deberíamos hacer lo que nos piden. Dejarlas en su lucha, no buscar más su apoyo e incluso tratar de desmarcarnos por completo, para que a nadie le quepa duda de que somos completamente diferentes a ellas, porque puede que lleven razón, y seamos completamente diferentes a ellas. Claro que sospecho que acabaría llegando un día en que ya nadie quisiese ser reconocid* como transexual y constreñido dentro de esa terrible camisa de fuerza que se empeñan en autoimponerse. Tengo ganas de que llegue el futuro para ver cómo será.

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