Al final con tanto cambio de tiempo, he terminado resfriándome. Me he tomado una pastilla de Ibuprofeno pero nada… me ha hecho el mismo efecto que si me hubiese tomado una pastilla de azucar. Así que he decidido acercarme a la farmacia a pedir alguno de esos combinados «dopantes» que te dejan como nuevo.

Mis alumnos me han recomendado uno que no lleva paracetamol, sino acido acetilsalicílico y cafeina, principalmente (no puedo tomar paracetamol, me produce un malestar de intensidad similar y tipo diferente al malestar del resfriado).

– Pero me parece que ahora no te venden los antigripales sin receta médica – comenta mi alumna -. Lo pusieron así porque cuando la gripe A todo el mundo iba a comprar antigripales.

– Noooo… seguro que sí le venden – responde su marido. Yo estoy de acuerdo. A lo mejor para lo que sí piden receta es para el Tamiflú.

Un rato después me acerco medio tambaleante a la farmacia (estoy exagerando, en realidad ni siquiera me ha dado fiebre) y pregunto si el medicamento que me han recomendado lleva paracetamol.

– Si lleva con receta.

– ¿Queeee? – no he entendido ni jota. A veces los dependientes tienden a abreviar las frases y quitar todas las partes no necesarias, como las preposiciones, los artículos, los verbos y el sujeto. Por ejemplo, en la hamburguesería que hay cerca de mi casa cuando pides una hamburguesa te preguntan «¿Con queso con todo?» que quiere decir que si la quiero con queso (hasta ahí era fácil) y si además la quiero con todos los demás ingredientes o hay algo que no me guste.

– Que si lleva con receta.

– Perdón, no la entiendo.

– Que todos los antigripales se venden con receta.

– Ah.

Llevaba razón mi alumna. Así que puedo ir a la farmacia y comprar esteroides (testosterona) como si fueran caramelos, pero en cambio si quiero un antigripal necesito una receta. Por un momento se me quedó cara de tonto (más de lo que ya tengo normalmente).

– ¿Y aspirinitas si venden?

– Sí, aspirina sí. A cinco céntimos la unidad. ¿Cuantas quiere?

– Pues no sé… deme ocho – ocho es una cantidad ridícula teniendo en cuenta que tengo un resfriado bastante importante, me van a durar dos días, si llega. Pero me di cuenta cuando las tuve en la mano, es que no tengo la cabeza muy clara.

La farmaceutica sacó una caja de aspirinas, una tijera, recortó ocho aspirinas y me las dio. Pagué los pocos céntimos que me pidió y me marché a mi casa pensando que espero que a ningún farmaceutico español se le ocurra venir de vacaciones a Ecuador, o a lo mejor le da un yuyu. Eso contando con que el farmaceutico en cuestión sobreviva hasta llegar al mostrador, después de ver que aquí en las farmacias venden de todo, desde champú y papel higiénico hasta chocolatinas y refrescos, pasando por animalitos de peluche.

P.D. A l*s que os debo algún e-mail, ya sabéis por qué no os he escrito. Es que llevo ya un par de días arrastrando el resfriado.

Pin It on Pinterest

Share This