Durante el fin de semana pasado hicimos una CONFETRANS. La CONFETRANS es una confederación de grupos, personas, colectivos y organizaciones trans, bigéneros, andróginos, kariwarmis, intersex y todo lo que se ocurra, a nivel nacional dentro de Ecuador. El sentido de la existencia de la CONFETRANS es que Ecuador es un país muy centralizado en la capital, lo que significa que muchas veces los avances conseguidos a nivel legal, social o cultural no llegan más allá de Quito. Si se ha escrito un capítulo en el manual de la policía nacional sobre tratamiento génerosensible a las personas, o se ha logrado inculcar la idea de que la prostitución no es un delito (que según la legislación ecuatoriana no lo es, como tampoco lo es en España), de poco sirve si todo eso se queda tan sólo aquí. Hay que “exportarlo” a las otras provincias. Del mismo modo, las otras provincias tienen rasgos culturales distintos de los de la provincia de Pichincha (que es donde está Quito), o se realizan acciones, o aparecen ideas que son interesantes y “exportables” al resto del país. La CONFETRANS se convierte así en un sitio de enriquecimiento y apoyo mutuo para todos los participantes.

Hay otra razón de ser para la CONFETRANS, y es que en Ecuador no hay tres poderes, sino cinco, y uno de ellos es la acción popular. Esto significa que organizaciones del pueblo pueden acceder directamente al congreso y participar en la elaboración de las leyes del país, como ya están haciendo los colectivos indígenas, por poner un ejemplo.

Esto, más o menos, probablemente mal explicado, es la CONFETRANS.

Las reuniones de la CONFETRANS se realizan cada vez en un lugar distinto del país. En esta ocasión la sede fue Mindo, un lugar relativamente cercano a Quito (está también en la provincia de Pichincha), situado en una de las areas con mayor biodiversidad del mundo. La mayor riqueza natural de Mindo es la gran cantidad de especies de aves que allí habitan, entre ellas los colibrís. También hay muchísimas mariposas, y dicen que las orquideas son muy abundantes, aunque yo no vi ninguna.

Este breve resumen que he hecho de lo que es Mindo es tan malo como el que he hecho sobre lo que es la CONFETRANS, pero es que tanto una cosa como la otra hay que venir y verlas en persona, porque sino, no lo entiendes del todo.

Una de las cosas extraordinarias de la CONFETRANS es que en verdad existe y evoluciona de manera totalmente autónoma a los circuitos de las instituciones públicas y privadas, y no se queda en simples buenas intenciones, o en reuniones para hablar entre nosotros y felicitarnos porque estamos todos de acuerdo con todos, nos llevamos superbien y somos los mejores, sino que produce cambios reales y profundos en la realidad del país.

Otra de las cosas extraordinarias es que Ecuador es un país maleable (ya dije que reconocen la acción popular como un poder más, además de los tres poderes tradicionalmente reconocidos en un estado de derecho). Mientras que en España todo está muy bien puesto (no quiero decir que esté “puesto con acierto”, sino “inamoviblemente sujeto”) y cualquier pequeño cambio requiere debates farragosos, o circuloquios legales que requieren toneladas de tiempo y esfuerzo, aquí uno se pone y lo hace, porque se puede hacer. Aquí el cambio es posible, quizá porque este es un pais joven, que no arrastra a sus espaldas el peso de los siglos de historia que tenemos en España, y en el que es más difícil herir susceptibilidades políticas provenientes de la memoria histórica colectiva.

De modo que la CONFETRANS se organizó en dos fases: una fase de trabajo, en la que se realizó un diagnóstico para saber de donde venía, hacia dónde va, y qué acciones tomar a medio y largo plazo a partir de un análisis en profundidad de la situación, y una fase lúdica, de actividades en grupo.

La fase de trabajo fue abrumadoramente eficaz. Bajo la dirección magistral de la persona que había preparado el encuentro, se entró en una dinámica de planear, pensar y proponer en la que todas las personas que estábamos presentes participamos aunando esfuerzos y dejando de lado las diferencias personales, culturales o vivenciales que pudiesemos tener. ¡Incluso los que veníamos de fuera o participábamos por primera vez pudimos aportar nuestro granito de arena! De modo que al final de la primera jornada estábam*s satisfechos y contentos con los resultados.

La fase lúdica fue al día siguiente (aunque el ambiente también se distendía durante las comidas y descansos), y lo único malo fue que en un sitio como Mindo hay tantas cosas para hacer que no nos dio tiempo a hacerlo todo. Al final nos conformamos con hacer “canopi”, que consiste en deslizarse de un lado a otro de la montaña atado a un cable de acero de cien, doscientos y hasta quinientos metros de largo. Yo, que tengo acrofobia, no estaba muy convencido de que fuese una buena idea hacer eso, pero después de probarlo me alegré de no haberme dejado convencer por el miedo para quedarme en tierra (nunca mejor dicho).

De todos modos, aunque el canopi fue emocionante, trepidante, interesante y muy divertido, para mí lo mejor fue poder ver colibríes en vivo y en directo. Hay ciertas cosas que uno cree que nunca hará en su vida, como subir en un coche de fórmula uno, viajar a la luna, comer caviar… cosas así que te harían ilusión, pero que crees que no llegarás a realizar nunca porque el coste para conseguirlas o el esfuerzo a realizar son excesivos o no compensan (como en el caso del caviar… yo no pago un dineral por comer huevos de pescado, por muy buenos que digan que están, o mucho dinero que tenga). Ver un colibrí de verdad estaba dentro de mi lista de cosas que pensaba que nunca haría, aunque me gustaría poder hacerlas, así que cuando vi el primero, me emocioné, y cuando vi que no era precisamente un pájaro que se viera poco, sino que los había a montones, me emocioné todavía más.

El vuelo del colibrí es… fascinante. Todo el mundo sabe que es un pájaro capaz de quedarse en el mismo sitio, como los insectos, pero verlo de verdad es increible. Además, el vuelo de los colibrís se parece muchísimo al de las abejas: cuando quieren son muy rápidos, y cuando quieren, no lo son. Revolotean alrededor de las cosas desplazándose en un abrir y cerrar de ojos, casi como si se teletransportaran… sólo que son mucho más grandes que cualquier insecto. Son mucho más grandes de lo que yo pensaba que eran, después de haberlos visto en televisión.

Volvimos de la CONFETRANS todos cansados, embarrados porque llueve mucho y la tierra del campo era un puro lodazal, con los estómagos llenos, puesto que el lugar donde nos alojábamos, además de ser acogedor y regentado por una familia muy amable, servía una comida estupenda y abundante, y muy contentos porque no sólo habíamos regresado con una agenda de cosas por hacer, sino que además lo habíamos pasado bien y habíamos hecho nuevos amigos mientras estábamos de visita en un lugar que podría describirse como paradisiaco sin temor a exagerar.

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