Siguiendo las recomendaciones de la endocrina, me he apuntado al gimnasio, y siguiendo las recomendaciones de Ángela y de otro amigo, estoy haciendo ejercicios aeróbicos y no pesas.

Ya he ido dos días, así que me siento muy orgulloso de mi mismo por ello. ¡Dos días seguidos! Bueno, con el fin de semana en medio. El primer día estuve haciendo pilates. Cuando vivía en casa de mis padres, también hacía pilates, y la verdad es que me gustaba mucho. Es un buen ejercicio para los que estamos empezando a coger forma, aunque también puede ir subiendo de nivel para los que están más entrenados. Además, requiere prestar mucha atención a la postura, a la coordinación, al equilibrio y a la respiración, de modo que al final no puedes pensar en otra cosa a parte de lo que estás haciendo justo en ese momento, por lo que, inevitablemente, el cerebro desconecta de las preocupaciones cotidianas (incluida la de «el gimnasio cuesta 40€, y yo no tengo 40€, esta semana me la voy a pasar comiendo sopa de cebolla, porque si no…) y uno sale muy relajado.

También me gustaba mucho mi antigua maestra de pilates, que yo me atrevería a decir que debe ser una de las mejores de España. Gracias a sus entrenamientos, su hija, que tiene espina bífida hasta bastante arriba, anda sin muletas, para estupor de los médicos, que dicen que debería estar en silla de ruedas. A mi antigua maestra le apasionaba lo que hacía, y eso se notaba.

La monitora que hay en el gimnasio parece que no lo hace mal, aunque con treinta personas en la clase es difícil prestar atención a todos los alumnos y asegurarse de que están haciendo correctamente los ejercicios. Además, cree que soy una chica, y no he tenido oportunidad para sacarla de su error.

Hoy, sin embargo, la clase de pilates era a las 21:30 de la noche, y tan tarde no me apetecía ir, así que he ido a otra de «BodyTonif», que debe ser la abreviatura de alguna otra cosa, o quizá no lo sea. Aún así, el nombre es bastante descriptivo… tonificar el cuerpo. Consiste en hacer series de muchas repeticiones sin descanso, con un poquito de peso, con lo que al final el ejercicio es aeróbico y agotador.

La clase de pilates la seguí bien, pero también es verdad que habían muchas mujeres mayores, así que sospecho que el nivel no era muy alto que digamos. Al día siguiente tenía una pocas agujetillas, pero ya esta. La de «BodiTonif» ha sido una tortura china de 60 minutos de duración en la que casi hecho el corazón y los pulmones por la boca (cuando notaba que estaba a punto de escupir algún órgano interno, me paraba, ya que imagino que eso no debe ser nada sano). Sospecho que mañana voy a tener unas agujetas mortales. Ay.

Ir al gimnasio me presenta dos problemas fundamentales. Por una parte, que no me atrevo a entrar en el vestuario, ni al masculino, ni al femenino. NO me voy a duchar en un vestuario público, sea de la clase que sea. Por otra parte, temo entrar y ver en las duchas a otros, más que nada porque creo que podría llegar a tener problemas. Ir a los vestuarios de las mujeres no es una opción, así que he decidido no ir a los vestuarios de ninguna manera. Después de todo, mi casa está a 10 metros, cinco pisos más arriba.

El segundo problema es la ropa. Normalmente, para disimular la forma de mi cuerpo, uso una faja, y luego varias capas de ropa una o dos tallas más grande de lo necesario. Ya sea invierno o verano, es raro verme con menos de tres capas de ropa (la faja cuenta, ya que es como una camiseta muy ajustada). En invierno, no está mal, en verano es un poco incómodo. En el gimnasio es imposible. Si quiero poder moverme con comodidad, no puedo llevar una chaqueta sobre la camiseta, y los pantalones de deporte, aunque también son una talla mayor de lo necesario, se me ajustan a la forma de la cadera, los muy traidores y chivatos. Vamos, que no es raro que la monitora piense que soy una chica (snif, snif).

Menos mal que a estas alturas ya no tengo vergüenza de casi nada, ni de pararme por ser incapaz de seguir el ritmo de la clase, ni de decirle a la gente «es que soy un chico» por más que las evidencias muestren lo contrario. Además, me queda el consuelo de que las cosas van a ir cambiando poco a poco a partir de ahora.

Hablando de cambios, no he vuelto a notar nada nuevo (aunque lo que ya notaba, se sigue notando, claro), excepto que he empezado a tener sofocos. El primer día que fui consciente de ellos fue el miércoles pasado (llevaba 8 días de hormonación), que sin pocas me muero de calor yo solito. Después me han seguido dando, pero ya con menos intensidad. Con el frío que está haciendo, tengo que reconocer que, aunque resultan un poco molestos, también son bastante prácticos. De hecho tengo la impresión de que estoy empezando a ser menos friolero, sobretodo porque normalmente a esta hora (por la noche) y con la temperatura que hace, tendría la estufa encendida, y sin embargo no es así. Miedo me da cuando llegue el verano.

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