El martes fue mi primera visita a la endocrina. También debería haber ido a la psicóloga, pero hace unos días me llamaron para cambiarme la fecha porque, al parecer, ese día no podia ir a trabajar.

Llegué muy temprano, y es que pasa una cosa curiosa: si salgo de aquí a las 06:30, llego a Málaga a las 8:30, y ahora, ponte a aparcar. En cambio, si salgo a las 06:15, llego a Málaga a las 07:45 y el tema del aparcamiento es mucho más sencillo. Las dichosas colas mañaneras son una maldición en las ciudades.

Así pues, a las 8 estaba allí, muerto de sueño, y de hambre, ya que un amigo me dijo que me querrían hacer análisis de sangre (y de otras cosas) y era mejor que fuese sin comer. A mi me pareció raro que si tenía que llevar algún tipo de preparación no me lo hubiesen avisado en la propia cita, pero teniendo en cuenta que ni siquiera me habían dicho el nombre del médico que me iba a atender… como para fiarse.

El no saber como se llamaba mi médico, me dificultó un poco acceder a la consulta (tampoco ponía el número de consulta), pero con un par de preguntas en seguida me ubicaron, y me atendieron más o menos a la hora que me tocaba. Realmente se me coló una persona delante, pero bueno… esto es la novatada.

Por fin pasé a la consulta. Como la doctora no estaba, me atendió una chica que supongo que será la auxiliar o algo así. Según me explicó, lo habitual es hablar primero con la endocrina, y luego pasar a las mediciones, peso y demás, pero, para ir aligerando mientras la endocrina llegaba, lo hicimos del revés. Así que me pesó, me midió, me hizo sujetar un cacharro que al parecer mide la proporción de grasa en el cuerpo, y me tomo la tensión. También estuvimos hablando un poco sobre el libro que estaba leyendo yo, sobre los nervios del «estreno», etc… Me pareció una persona super maja, y que se esforzaba por hacerme sentir más cómodo.

Después llegó la endocrina, y estuvimos hablando de varias cosas. Me explicó de nuevo como es el protocolo médico, me preguntó por las enfermedades que tengo, para hacerme la historia médica (ahí sí que tenía muchas cosas que contar, porque ya he tenido problemas endocrinológicos antes), y también me hizo preguntas en plan psicológico. Esa parte fue un poco dura, ya que las preguntas estaban muy bien dirigidas y para responder tuve que recordar momentos bastante duros, pero me gustó la forma en que ella me escuchaba, o me respondía. En un momento dado, cuando hablaba de una conversación que tuve con mi padre,  incluso llegó a «defender» mi postura, je, je, je.

El siguiente paso fue darme una montaña de volantes para que me haga análisis y pruebas de todo tipo (eso está bien). Me sugirió que hiciese coincidir las citas para las pruebas con las citas para la endocrina, y me pareció una buena idea, pero… cuando lo intenté descubrí que es imposible. Las interminables listas de espera hacen que lograr que te den la fecha que tú quieres no sea viable. Seguramente lo haré del revés, es decir, haré coincidir las citas de la psicóloga con las otras, cuando sea posible.

Pedir las citas, por cierto, fue lo más parecido a una gymcana. Tuve que recorrer dos hospitales (el hospital civil y el hospital materno), llendo a los diversos departamentos para los que me habían dado volante para que lo validaran, y, después, al mostrador de cita previa para conseguir la cita en si. Podían hacerlo más complicado, pero no sé como.

La próxima cita con la endocrina será… ¡¡¡en octubre!!! Me la han dado muy tarde para que tenga tiempo de hacerme todas las pruebas. A mi al principio me pareció una exageración, pero después de hacer la peregrinación hospitalaria y conseguir las fechas de las pruebas, me ha empezado a parecer más razonable. Una de las pruebas me la han dado para octubre, y otra, ni se sabe, ya me llamarán. Por suerte son las menos importantes.

De todos modos, el tener la cita tan tarde no significa que tenga que esperar todo ese tiempo para empezar con el tratamiento. Si la psicóloga me da el informe antes, la endocrina me citará también antes, y ya está. Por suerte, otras pruebas sí que me las han dado para dentro de poco, y son las más relevantes a corto plazo… creo.

Hace unos meses, miraba el calendario y pensaba que el tiempo que faltaba para ver a la endocrina era una eternidad. Ahora ya se ha pasado y me toca esperar al informe. Las cosas van llegando, poco a poco, pero llegando al fin y al cabo. Además, creo que el equipo de la UTIG de Málaga sabe lo que se hace y me puedo fiar de ellas (curiosamente, son casi todas mujeres, lo que no deja de ser llamativo en un campo como la medicina, que todavía está copado por hombres).

Supongo que solo me queda esperar con paciencia. Por eso, los que vamos al médico, aunque no estemos enfermos, somos pacientes.

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