Después de todo un culebrón burocrático que me ha llevado hasta los rincones a los que nunca pensé que llegaría (al urólogo, por ejemplo), finalmente, gracias al método «hágalo usted mismo» he conseguido que me deriven a la UTIG.

Ayer por la mañana, como no me habían llamado, decidí llamar yo. Llamé un par de veces y no conseguí localizar a la chica que da las citas, así que a las doce y media de la tarde ya estaba que me subía por las paredes, y de ponerme a estudiar, ni hablamos.

Alrededor de la una fue cuando por fín me llamaron por teléfono del hospital. En el momento en que la chica me dijo que me iba a decir a que hora tenía la cita (yo pensaba que se limitaría a confirmarme que le habían llegado mis datos y ya está) casi me puse a dar saltos. Pero, con un esfuerzo de voluntad, fui capaz de mantener la compostura y decirle que tenía las cosas listas para anotar.

La cita con la psicóloga es el lunes que viene (¡¡el lunes que viene!!). Mientras me daba los datos del hospital, el ala, la planta y el número de consulta yo no paraba de preguntarme con que psicóloga me tocaría. Tuve la misma sensación que cuando vas a un examen y te has dejado una pregunta sin estudiar, y piensas «que no caiga eso, que no caiga eso». Y no cayó.

Explico: en la UTIG del Carlos Haya hay ahora mismo dos psicólogas. Una de ellas se llama Trinidad, y tiene cierta reputación de ser una buena profesional, si bien se toma su tiempo antes de hacer el informe (no te lo da hasta que no está completamente segura, lo cual, después de todo, es lógico). La otra es Juana, y más que famosa es infame por humillar, insultar y en general destrozar a todos los pacientes que caen en sus manos. Doy fe de ello: tengo una amiga que, cada vez que va a verla, acaba hecha polvo, la pobre.

Ahora, la pregunta del millón ¿por qué la gente no pone una reclamación y pide que le cambién de médico? Pues porque en toda Andalucía tan sólo hay un sitio en el que tratan temas de disforia de género, y si pones una reclamación a uno de sus médicos, las citas, misteriosamente, empiezan a alargarse cada vez más y más, y las listas de espera, ya de por si largas, se hacen, literalmente, eternas. Si te conformas con pedir cambio de especialista, te lo deniegan porque Trinidad está muy saturada. Es normal… si se lo concediesen a todo el que lo pide, la pobre tendría que desdoblarse.

Pues eso, que me tocó Trinidad, la psicóloga «buena», así que por fin parece que al menos estoy empezando a tener algo de suerte. Y, lo que es más, también tengo ya cita para el endocrino. Eso sí, la primera es para dentro de tres meses, y no me hago ilusiones, sé que será solo para hacerme una revisión y ver cómo estoy. Hasta que la psicóloga no me haga un informe favorable, no hay nada que hablar sobre hormonas y demás, y eso puede ocurrir dentro de 6 meses, o dos años, o Dios sabe cuando.

Pero ahora mismo todo eso me da igual. Lo importante es que tengo mi primera cita con la psicologa, y de repente se me han caido todas las penas y los agobios. ¡¡¡Ya casi se ha terminado el día de hoy, lo que significa que falta un día menos!!! Aunque sé que no ocurrirá nada trascendental, estoy deseando que llegue.

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