No sabía si me iba a ir bien o mal como comercial, pero lo he descubierto muy pronto. He durado unas dos semanas y media en la empresa antes de que me dijera el jefe que tal vez no fuese el trabajo adecuado para mi, sin darme nigún motivo en concreto.

Yo tengo una teoría al respecto, y creo que no voy muy desacertado. Cuando entré a trabajar en la empresa, echaron a un chaval que no vendía ni más ni menos que nadie, pero era mitad gitano, además de novillero. En ese momento me sirvió para darme cuenta de que en E.F.* no les tiembla la mano a la hora de despedir a gente, y me pregunté si realmente el chico era tan malo como para merecerse el despido. También pensé «cuando las barbas de tu vecino veas cortar…».

Durante la semana pasada entraron ocho comerciales nuevos. De entre ellos, uno se marchó al terminar el cursillo, y los siete restantes salieron por primera vez a la calle el viernes. El resto del equipo comercial «veterano» no estaba rindiendo según lo esperado. Había que hacer algo. Y ese «algo» era despedir a alguien.

Los «nominados» al próximo despido éramos, obviamente, el otro chico que entró al mismo tiempo que yo, y yo. Los dos llevábamos el mismo número de ventas (una), los mismos días, pero él había tenido una oportunidad que yo no: el jefe de grupo había salido con él a la calle, le había visto trabajar y le había corregido, y a mi no me había visto ni corregido nadie. Aún así, el trabajo de los comerciales consiste en «calar» a la gente y creo que a mi se me ha visto el plumero… mucho. Así que entre el chico perfectamente normal y la «chica» que tiene un «yo no se qué» que no termina de cuadrar, me han elegido a mi para ser expulsado de la casada de Gran Herm… esto… de E.F.

Tengo dos teorías más sobre el tema, pero son algo más esotéricas. Como suele decirse «yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas» (Alex, si lees esto, podrías tener el detalle de escribir un comentario diciendo esa frase en gallego). Mis teorías esotéricas son estas:

Teoría 1: La empresa «antipablos». El primer día que empecé en E.F., éramos tres los comerciales nuevos, pero uno de ellos decidió no seguir trabajando después de ver de qué iba la cosa, y, casualmente, era tocayo mío, es decir, se llamaba Pablo. En el grupo de comerciales que entró después que yo, eran 8 personas, pero al final uno de ellos lo dejó al terminar el cursillo. También se llamaba Pablo. Y dos días después, van y despiden al único Pablo que quedaba, o sea yo. Está claro: los Pablos no tenemos futuro en esa empresa, y el único motivo por el que duré más que los demás es que iba de infiltrado y dije que me llamaba de otra forma.

Teoría 2: El punto de vista del santo. Se me ocurrió pedirle a mi madre que le pusiera una vela a un santo al que ella tiene devoción para que vendiera más, no porque yo crea en los santos (soy pastafari y devoto de Karrod, pero nada de católico), si no porque ELLA cree en que los santos le ayudarán si les pone velas. Y como lo importante es la fe de quien hace la manda, pues pensé que por probar no se perdía nada. Tal y cómo le pedí, mi madre puso la vela al día siguiente, per en cuanto la encendió, chisporroteó y se apagó de nuevo. Es decir, que el santo opinaba que no era conveniente que vendiera mucho. Por supuesto, los santos son buenos, y si no quiso concederle el favor a mi madre no fue por mala leche, si no porque seguramente continuar en ese trabajo, a la larga, habría sido malo para mi. Todo ello, repito, en opinión del santo.

Bueno, lo cierto es que no me pongo triste ni nada de eso. El trabajo me gustaba, la independencia me gustaba, pero no me quedaba tiempo para nada a parte de trabajar, incluyendo una cosa tan necesaria como preparar las oposiciones. Además, el tener que ir todo el día con el disfraz de drag queen se me hacía muy pesado. El viernes, cuando llegué al piso, me quité el maquillaje y vi cómo iba desapareciendo del espejo esa imagen femenina que me gusta tan poco, comprendí que intentar hacerme pasar por quien no soy era un gran error.

Y, por supuesto, la vida sigue. He vuelto a casa de mis padres y al viejo y rutinario «plan A» consistente en romperme los cuernos a base de estudiar para sacarme las oposiciones, mientras voy a la tienda, y que sea lo que Dios quiera, pero también tengo un «plan B» que consiste en seguir buscando trabajo, e incluso un nuevo «plan C» del que hablaré en otra ocasión.

De momento vuelvo a engrosar las listas de desempleados. Por poco tiempo.

P.D. No suelo poner los nombres de lugares y personas concretas, pero en este caso, voy a hacer una excepción. Creo que, por lo bien que se han portado conmigo en E.F., tratándome como un simple peón a sacrificar en una partida de ajedrez, se merecen que hable de ellos. Es lo mínimo que puedo hacer ¿no?

*Entrada editada el 25/02/2018. Diez años después de escribir esta entrada la empresa en cuestión se puso en contacto conmigo para disculparse y pedirme que quitase su nombre del blog, ya que todavía está bien posicionado para las búsquedas sobre esa empresa en Google y les da mala imágen. La verdad es que todo este tiempo es más que suficiente para que una empresa cambie mucho, y no me gustaría que un incidente de hace una década que para mí ya no tiene repercusiones perjudicase a la gente que trabaja allí ahora. Me ha parecido que lo mejor es no ser rencoroso y cambiar el nombre de la empresa por las siglas E.F. (Empresa Ficticia). Además también he editado los comentarios en los que aparecía el nombre que tenía la empresa cuando yo trabajaba en ella, y el nombre que tiene en la actualidad, que ha sido editado por E.F. II.

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