Como he estado toda la semana sin internet, tengo muchas cosas que contar.

Durante el puente pasado, estuve en casa de Brit y Moonesia, unos amigos a los que conozco desde hace ya 7 años, y que fueron de los primeros a los que les expliqué que soy un chico transexual. La verdad es que fue una experiencia… curiosa, que me hizo ver muchas cosas.

En primer lugar, conocí el barrio de las 3.000 viviendas de Sevilla. Moonesia opina que no está tan mal como la gente lo pinta, pero yo, sinceramente, no me atreví a salir solo a la calle (y, de hecho, ellos mismos me recomendaron que no lo hiciera). Esas cosas no pasan en mi barrio. ¿Qué más decir del barrio más chungo de Sevilla, y uno de los peores de España? Pues que pasear por allí es como vivir en directo un documental de la selva o algo similar. Sencillamente la gente vive de otra manera, muy distinta a como lo hacemos los demás, en algunos sentidos mejor, en otros peor, aunque tengo que reconocer que seguramente son más libres que los que vivimos en sitios «normales».

A lo largo de los tres días que estuve por allí, no conseguí que me llamasen por mi nombre ni utilizasen el género adecuado para referirse a mí, más que en una sóla ocasión. Después de comentarles que me hacía un poco de daño que me trataran como a una chica (no es que no comprenda sus motivos, ya que yo se como se ven las cosas desde su perspectiva, pues ya estuve en ese lado de la vida), Moonesia dijo algo así: «bueno, si él quiere que le aceptemos barco, pues tampoco hay ningún problema». Sin embargo, a pesar de que la conclusión del tema fue que no les salía llamarme Pablo porque «no me pega» y porque «hace muchos años que te conocemos como chica, y ahora es difícil cambiar», razones ambas comprensibles para mi, el otro día Moonesia me llamó por teléfono y, cuando iba a colgar me dijo: «bueno Pablo, tengo que ir llendome ya…». Al día siguiente me levanté más contento que unas pascuas, y el buen sabor de boca me duró ya para todo el día.

Otra conclusión que saqué de mi visita a Sevilla es que lo único que tengo de momento es mi nombre, y no estoy dispuesto a permitir que nadie me lo quite, ya sea por costumbre, porque les resulta violento o lo que sea. No voy a revolverme contra mis amigos, ni me voy a enfadar, ni voy a querer que ellos se enfaden y se sientan mal, pero tampoco voy a dejar que se atrincheren en esa postura. Trataré de acompañarles suavemente, y hacer que me acompañen en mi transición. Y con mi familia igual, aunque eso va a ser más difícil.

A parte de eso, el martes me mudé al piso de Granada, donde no tengo internet. Aunque mi amiga July, que lo ha visto, opina que no está tan mal, lo cierto es que parece Sarajevo. Lo primero que hice cuando terminñe de trabajar el martes fue limpiar el baño y mi habitación, ya que si me meto en ese cuarto de baño tal y como estaba, soy capaz de coger el tifus. El miercoles por la mañana no pude encender el calentador, así que me duché con agua fría. El miercoles por la tarde no limpié porque fui a ver a July y nos dieron las mil hablando. El jueves por la mañana, otra vez no pude encender el calentador. Ese fue mi primer día de trabajo y, cuando volví a las 8 fui directo a la cama, sin cenar ni nada, así que tampoco limpié. El viernes por la mañana ¡¡¡¡conseguí encender el calentador!!!! Inmediatamente supe que sería un buen día.

Respecto al trabajo, como ya he dicho, el primer día que salí a la calle (lo cual significa «el primer día que he empezado a cobrar») fue el jueves. Ese día el otro chico que entró al mismo tiempo que yo, hizo una venta, pero yo no me pude estrenar. Mi estreno llegó el viernes. ¡¡¡Viva!!! El subidón que te da cuando consigues hacer una venta es incomparable, aunque todavía me queda mucho que aprender.

Revisando mis libros de PNL, el guión que me han dado en Ediciones Rueda, y mi trabajo del otro día, he llegado a la conclusión de que el secreto de la venta está en lo siguiente:

1) Crear confianza con el cliente.
2) Crearle deseo de adquirir la obra.
3) Hacer que comprenda que lo que se le ofrece es una ganga (que lo es, de verdad, pero a veces la gente no lo entiende).
4) Crear sensación de «oportunidad única y exclusiva» (que también lo es).

Si se consigue esto, cuando se llega al punto crucial del cierre, será muy sencillo vencer las barreras que el cliente ponga.

Ahora sólo me falta aprender a conseguir todo esto… En fin…

He notado que la cuestión del nuevo trabajo me crea ansiedad. Es muy sencillo: se trata de un empleo en el que se puede llegar a ganar mucho dinero. Y el dinero es necesario para llevar a cabo mi transición. Y ahora hay tan poco trabajo que los que tenemos cualquier trabajo, el que sea, podemos darnos con un canto en los dientes. Y encima, es un trabajo que me gusta. O sea, que tengo un recurso valioso, escaso, agradable y necesario, y la posibilidad de dejar de tenerlo me aterra, ya que he observado que a mis jefes no les tiembla el pulso a la hora de despedir a nadie.

En esos momentos es cuando no puedo evitar pensar en lo cómo que era todo antes. Sólo tenía que dejar que los demás se ocupasen de mi. Siempre estaría seguro, y siempre habría alguien a mi lado para ayudarme si todo salía mal. Era tan fácil seguir el camino que me señalaban, que tardé 29 años en reunir fuerzas para abandonarlo, y ahora, campo a través, el avance es más duro.

Total, pamplinas. Ansiedad pura y dura que no me lleva a ninguna parte. Por suerte, mientras estaba dándole vueltas en la cabeza a todas estas tonterías, una canción ha venido en mi auxilio, como siempre han hecho las canciones a lo largo de toda mi vida (debe ser por eso que yo creo más en la música que en los ángeles de la guarda). Es esta:

Y cuando dice «si tienes miedo, si estás sufriendo, tienes que gritar salir, salir corriendo»… Cambiemos una sola palabra… «gritar» por «evitar», y ya todo cuadra. Simplemente lo único que yo quería era salir corriendo…

Por suerte, se donde tengo que acudir para hacer frente a estos sentimientos. ¡A la PNL! PNL significa «programación neurolingïstica», y es una ciencia que se encarga de estudiar como hacen las cosas las personas que alcanzan la excelencia, y de crear modelos adaptados a cada individuo para que ellos también puedan alcanzar la excelencia. Según la PNL, las persosonas vemos el mundo a través de varios filtros que nos los pueden enriquecer o empobrecer, y uno de esos filtros es ver las necesidades de cada uno, en lugar de las oportunidades. Esdecir, si yo me fijo en que necesito el trabajo, me crea ansiedad. Si me fijo en que tengo un buen trabajo, y busco todas las oportunidades que existen para mantenerlo, entonces me animo y me pongo en marcha. El resultado es automático: sin duda conseguiré aprovechar mis oportunidades.

Fijarse en los objetivos y no en los problemas, preguntarse cómo, en lugar de por qué, mirar el fracaso como una oportunidad de aprender y mejorar, son principios básicos de la PNL.

Hay otra cosa a tener en cuenta. Un buen vendedor disfruta con su trabajo, y según la PNL, cuando uno hace un trabajo bien hecho y disfrutando, es imposible que la remuneración no acabe llegando.

¡Ah! Y hay otra premisa de la PNL, y es la siguiente: la PNL no predica la verdad absoluta, pero si uno se comporta como si las ideas básicas de la PNL fuesen verdaderas, tiene la oportunidad de comprobar la diferencia que estas marcan. Y luego las toma o las deshecha, según el criterio de cada cual. Ya podéis imaginar que yo intento aprovecharlas hasta la última gota, y eso que prácticamente no se nada sobre PNL.

Bueno, me lío a hablar de estas cosas y no paro. La cuestión es que, al final, he conseguido controlar mi malestar, y el lunes voy a ir a comerme el mundo. He usado los principios básicos de PNL para reflexionar sobre mi trabajo, que no es que lo esté haciendo mal, pero seguro que puedo hacerlo mejor, puesto que sólo llevo dos días, y estoy deseando ponerlo en práctica.

Lo único que me resulta muy duro de este trabajo es que tengo que ir disfrazado de chica. Paradójicamente, me he convertido en una especia de travesti o algo así. Es un poco lioso, y un poco duro para mi autoestima, pero, como también dice mi querido libro de PNL: «el puente no es el viaje». Así que, si para cruzar este puente tengo que hacer un pequeño sacrificio (o un gran sacrificio), pues se hace, ya que al final, cuando llegue a mi destino, podré mirar atrás y saber que ha merecido la pena.

Así que este sábado jornada de reflexión para cargar las pilas y la semana que viene volver a la carga. En la próxima entrada de mi blog espero poder cantaros una canción diferente, una que diga que estoy avanzando lento pero seguro y que noto cómo mis pies se apoyan firmemente en la tierra para llevarme hacia donde quiero llegar.

Tengo la certeza de que va a ser así. Empiezo a creer de verdad que me irá bien.

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