Alan tenía diecisiete años, pero a pesar de ser un adolescente trans, había conseguido que su DNI reflejase su nombre, y no el que le asignaron al nacer. Tenía el apoyo de su familia, y se disponían a celebrar las navidades reconociendo como él era de verdad.

Mientras tanto, fuera hacía mucho frío. Le acosaban en el instituto. Cambió de instituto, y el acoso le siguió.

Sobrevivir a las opiniones de los que quieren decirte quién eres, y quién no eres, cuando tú mismo todavía no lo sabes muy bien (ningún adolescente lo sabe, y muy pocos adultos lo tienen claro). Preguntarte si realmente no serás un monstruo. Pensar que eres un error de la naturaleza. Pensar que nadie te va a querer. La certeza de que hagas lo que hagas, nunca serás un hombre cis. No serás normal. No serás como los demás. Pensar que este sufrimiento no se va a acabar en toda tu vida.

Un DNI es muy poca defensa contra todo eso.

Alan decidió dejar este mundo unos días antes de navidad.

Ya no podemos hacer nada por Alan. Que su ausencia sirva para recordarnos que también tenemos que trabajar duro por conseguir que las personas trans de todas las edades tengan ganas de vivir.

De vez en cuando, veo a alguna amiga, o algún amigo, pidiendo ayuda en Facebook. Dicen que no saben cuanto tiempo más aguantarán. Que ya sólo quieren descansar y que se acabe ya este sufrimiento. Algunos, al final, lo hacen.

A lo largo de los dos años en los que he recopilado las entradas de este blog para escribir el libro, que espero que pronto vea la luz, me he dado cuenta de que el hilo de mi historia va trufado de despedidas. Esta se suicidó, a esta la mataron, aquella se suicidó también, el otro fue asesinado… La transexualidad frecuentemente se asocia a la prostitución, al vicio, y a la marginalidad social, pero con lo que realmente va asociada es con la muerte prematura.

Quizá por eso, siempre me esfuerzo en recordar a quienes me leen que se puede ser trans, y ser feliz. Pero no ser feliz a pesar de ser trans, sino precisamente por ser trans. Reconocerte como trans abre un proceso que supone cuestionarte a ti mismx no sólo quien eres, sino porqué eres quien eres. Un proceso que muy pocas personas cis realizan, o que cuando lo realizan, viven con una intensidad mucho menor. Un proceso que puede llevarte a alcanzar tu máximo potencial humano. Te hará comprender que no puedes conseguir todo lo que deseas, pero sí mucho más de lo que imaginas.

La comprensión de uno mismo y de los demás que se puede llegar a alcanzar tras el proceso que supone reconocerse como persona trans, posiblemente explica por qué han sido muchas culturas las que han reconocido a personas trans como chamanes o líderes espirituales.

 

Sería un proceso increíble y privilegiado, si en el mundo no hubiese personas dispuestas a impedir que otros evolucionen y crezcan en libertad.

Dicen que la lengua puede ser más afilada que la espada. Los suicidios de las personas trans, la desgracia de Alan, demuestran que las malas lenguas pueden matar igual que un puñal. Porque al final, resulta que el problema no es ser trans. El problema es quienes no quieren que seas trans.

Aún así, pienso que cualquiera puede conseguir ser trans y ser feliz. Hoy, con este trago amargo en mitad de las que han sido mis navidades más felices como adulto, me gustaría pedirte que, si alguna vez sientes que ya no puedes más, lo digas. Escríbeme a mí, o escribe a alguien que tu quieras. Aplaza la decisión un poco más, porque la vida es corta, pero ancha, mientras que la muerte es indefinida y no da ninguna opción.

Puedes adherirte al manifiesto en repulsa por el asesinato social de Alan aquí.

Además, se está organizando diversas concentraciones en todo el Estado español. En el cartel de la imagen podrás encontrar más información.

Pin It on Pinterest

Share This